6 de abril de 1994: Apareció el cuerpo del soldado Omar Octavio Carrasco

El 3 de marzo de 1994, Omar Octavio Carrasco joven oriundo de Cutral Có, se sumó al grupo de Artillería 161 de Zapala, en el marco del Servicio Militar Obligatorio. Tenía 19 años.
Cuando 15 días después, su madre Sebastiana, ama de casa, y su padre Francisco, albañil, llegaron a la unidad militar para visitar a su hijo por primera vez, les respondieron que no estaba en el cuartel. Les informaron que Omar “era un desertor”. En realidad, había sido asesinado y su cuerpo estaba oculto en el predio militar.
48 horas después, Francisco hizo la denuncia por la desaparición de su hijo.


El 6 de abril de 1994, se hizo el segundo rastrillaje en las adyacencias de la dependencia militar y, a 700 metros del edificio del cuartel, apareció el cuerpo de Omar. El parte oficial decía que los restos del conscripto no presentaban signos de violencia y se desentendían de toda responsabilidad con su muerte, porque lo habían encontrado fuera del predio militar.
El torso desnudo y un pantalón varios talles más grande. Junto al cadáver, unos borceguíes, una camisa y un reloj que los padres reconocieron. Según los peritajes, el cadáver fue plantado en los últimos días luego de estar escondido en “un lugar seco y oscuro”, lo que explicaba el proceso de momificación y porque no había sido atacado por los perros cimarrones.

Omar ayudaba a su padre en changas de albañilería. Antes había trabajado cargando y descargando jaulas de pollos durante cuatro años. Era evangelista y en los tres días que vivió en el cuartel tuvo un solo amigo, Juan Sebastián Castro, con quien leían la Biblia.

Los estudios determinaron que el soldado había estado desnudo y lo mataron a golpes. Presentaba costillas quebradas, un pulmón perforado y el ojo izquierdo destrozado. A Omar lo mataron mes antes, el 6 de marzo.
El subteniente Ignacio Canevaro bailó a Carrasco por lo menos durante 20 minutos. Dos soldados más antiguos, Víctor Salazar y Cristian Suárez, colaboraron con el oficial. La condición religiosa de Omar fue el inicio de esta trágica historia.
La segunda autopsia, en el marco de la causa por encubrimiento (Carrasco II), determinó que luego de la paliza, Omar vivió entre 48 y 60 horas. En ese lapso fue atendido en el hospital del cuartel y la causa de su muerte fue un “mal diagnóstico” y un “peor tratamiento”.
Por error médico, Omar sufrió una hemorragia interna y una contusión pulmonar que produjo una insuficiencia respiratoria. Una correcta atención le hubiera salvado la vida.
Aparecieron recetas adulteradas. Entre el 6 y el 9 de marzo, médicos que no estaban de guardia visitaron el hospital por patologías menores y hasta registraron a una paciente ficticia, María Gómez. El 8 de marzo, dos días después de su muerte, a Omar le aplicaron la antitetánica. La receta se hizo a nombre de Orlando Costa, que fue vacunado varios días después.
Solo en marzo, se consumieron en el cuartel 400 pastillas de formalina, un poderoso desinfectante.
En el segundo juicio declaró el capitán Rodolfo Correa Belisle, integrante del Grupo de Artillería 161. El militar contó que el día del rastrillaje vio alejarse a un camión Unimog. Las huellas de los neumáticos llegaban casi hasta el cadáver. Por declarar en la justicia civil, fue pasado a retiro obligatorio.
La causa por encubrimiento prescribió en junio de 2005 y los siete militares procesados fueron sobreseídos. En libertad, Canevaro escribió un libro en el que acusa a los médicos militares de ser los asesinos de Carrasco.

Por esos días, en la Cámara de Diputados se estudiaba un proyecto de ley, para cambiar las condiciones de la conscripción: servicio a los 21 años, elección de la región y contemplar a los objetores de conciencia, que por razones filosóficas o religiosas se negaran a usar armas.
En agosto de 1994, cinco meses después de que fuera encontrado el cuerpo de Omar, el presidente Carlos Menem, en medio de su campaña para su reelección, firmaba el decreto 1537 que daba de baja la conscripción.
El 31 de enero de 1996 Canevaro fue condenado a 15 años de prisión, Suárez y Víctor Salazar, a 10. Tres años por encubrimiento, para el sargento Carlos Sánchez.


El juez Caro habló con los 130 soldados de la unidad, entre ellos Castro, el amigo de Carrasco y único testigo presencial de la golpiza. Contó cómo vio que tres o cuatro “de verde” le pegaban a su amigo. Castro huyó y se libró un oficio por su deserción, por Carrasco no.
El sargento Carlos Sánchez, primero dijo no tenía idea qué había pasado aquel 6 de marzo, pero de regreso de un traslado a Buenos Aires, aseguró que los soldados Suárez y Salazar le habían confesado que golpearon a Omar, porque Canevaro se los ordenó.
La tragedia motivó dos cosas: los compañeros de Carrasco empezaron a presentaban habeas corpus para no volver al cuartel y padres de soldados denunciaban palizas en cuarteles de todo el país.

El 1 de febrero de 1995, oficiales y suboficiales del Regimiento de Granaderos a Caballo pusieron una mesa en la estación de Constitución para atraer voluntarios. La necesidad de mano de obra, ante la falta de “obligatoriedad”, motivó el extraño recurso al que apeló la conducción de la unidad.