«Siempre me gusta estar rodeado de perdedores, me hacen sentir mejor»

El equipo económico de Caputo se golpea el pecho, señalando que los efectos de la guerra en Medio Oriente no nos afectan porque sus números están «sanos». En realidad, Argentina no está blindada con salud económica, ni siquiera está planificando una respuesta al posible desastre planetario con un barril a 200 dólares.
Sucede que el país generado por Milei tiene todas sus variables rotas y eso amortiguó la caída en el primer mes del conflicto. Estado vegetativo no significa salud. Que el paciente siga respirando, es apenas un dato estadístico.

La operación Trump-Netanyahu, se produjo con el consumo local perforando los niveles de pandemia, el 50% del aparato productivo apagado, la construcción casi sin signos vitales y la constante aceleración del desempleo. Esos datos que lideran una larga lista de fracasos en la micro, van a comenzar a saber que se puede caer todos los días un poco más, si Estados Unidos ensaya como lo promete, operaciones terrestres a Irán para controlar el estrecho. En ese momento, cuando todo sea mucho más impredecible de lo que es hoy, se acabó el verso para los propios de un gobierno sustentado a puro relato.

El primer síntoma que afectó a una inflación que será imposible de ocultar detrás del INDEC intervenido, fue el litro de nafta a dos mil pesos, luego que el barril internacional experimentara un 30% de aumento y hoy cotice a 115 pesos.
Necesitados de dólares, en lugar de pensar en cómo salvarnos del naufragio, piensan en Vaca Muerta como milagro exportador en lugar de abastecer las necesidades internas. Por supuesto que fieles a su naturaleza, no van a crear un «barril criollo» a un precio soportable en pesos y vamos a pagar la nafta igual que cualquier país importador.
El panorama es de más cierres de unidades productivas y aumento de suspensiones y despidos; porque el capital se va a preservar profundizando el costo social, con un ajuste que va a empardar las medidas que el oficialismo tomó en los últimos dos años.

Y tan enferma como la economía, está la política internacional argentina en su rol de servicio doméstico de Estados Unidos e Israel.
Cerca de ocho millones de estadounidenses saliendo a las calles en mas de tres mil ciudades, para decirle a Trump que no se crea rey y adelantarle el resultado de noviembre; no puede ser relativizado en Buenos Aires. El pueblo en la calle, después de toda la violencia interna que el «presidente naranja» desplegó sobre su territorio, significa que comenzó la lucha para desalojar de la Casa Blanca al padre adoptivo del gobierno libertario.

Antes de las movilizaciones, Trump desde Miami parece que le habló a Javo: «En realidad, siempre me gusta estar rodeado de perdedores porque me hace sentir mejor. Odio a los tipos que son muy, muy exitosos y a los que hay que escuchar sus historias de éxito. Me gusta la gente, a la que le gusta escuchar mis éxitos».
Después de millones en las copando el territorio, Trump contestó a «No King», coronándose rey en la redes, para declararle la guerra a su propio pueblo; algo en lo que Milei le lleva cierta ventaja porque hace dos años y tres meses, que le está tirando misiles desde la Casa Rosada a 47 millones de seres humanos…