30 de marzo de 1982. Casi todos los buques de guerra de la Armada se desplazaban a escasa velocidad hacia Malvinas, debido al mal tiempo. Decidieron cambiar la ruta y llegar a las islas por el norte, para arribar lo antes posible. Recién en esa jornada, Estados Unidos tomó conocimiento del movimiento de las tropas argentinas.
30 de marzo de 1982. La CGT Brasil de Saúl Ubaldini, realizó la primera gran manifestación contra la dictadura, bajo el lema «Paz, pan y trabajo». Participaron de la histórica movilización Roberto García (Taxistas), Roberto Digón (Empleados del Tabaco), Osvaldo Borda (Caucho), Demetrio Lorenzo (Alimentación), Fernando Donaire (Papeleros), Ricardo Pérez (Camioneros), José Rodríguez (SMATA) y Santiago Serpa (Obas Sanitarias). Eran los dirigentes que el 29 de abril de 1979, lanzaron un paro de 24 horas como la Comisión de los 25; una victoria mucho más política que territorial, una medida de fuerza que toreó a la dictadura, nada más y nada menos que en tiempos de Videla.
En la previa y con la decisión secreta de tomar Malvinas 72 horas después, el régimen discutía qué hacer con la marcha. «Permitirla, sin autorizarla», fue el planteo de los que apostaban a una solución política. Otros propusieron controles en los accesos a Capital, para frenar a los miles sin trabajo del primer cordón fabril del conurbano. La tercera posición respondió a la naturaleza del «Proceso» y propuso capturar a los principales dirigentes obreros, a primera hora del día, para desactivar la protesta.
La discusión de las tres armas terminó sin síntesis y generó un documento prohibiendo la marcha, que recién apareció la noche del 29 para salvar las apariencias. Ante la falta de un plan consensuado, se apeló a la receta tradicional: represión indiscriminada.
El gran objetivo de Galtieri, era impedir el avance de cerca de 50 mil manifestantes sobre Plaza de Mayo, los que durante cinco horas fueron objeto de una verdadera cacería humana. Un «corralito» delimitado por las avenidas 9 de Julio, Santa Fe, Leandro N. Alem y Belgrano, estaba dominado por la Federal, que además cortó el Puente Pueyrredón.
En el centro porteño, tres horas de palos y gases. Cerca de tres mil detenidos y dos mil heridos. Entre las fotos que al día siguiente documentaron la represión, la más impactante fue la de Lucio Solari, reportero del diario «La Nación»; registrando a Román Von Eckstein, fotógrafo de Télam, forcejeando con dos policías que querían quitarle su cámara.
Marchas y represión también en Mendoza, Rosario, Neuquén y Mar del Plata. José Benedicto Ortiz (53 años), secretario general de la Asociación Obrera Minera de la Argentina, fue asesinado en la réplica mendocina de la marcha de la CGT combativa a la Plaza de Mayo.
Cerca de las 18:00, un camión de Gendarmería que recibía órdenes de la VIII Brigada de Montaña, encaró a la manifestación a contramano, en la esquina de Pedro Molina y Mitre. La marcha pretendía entregar un petitorio, a la sucursal provincial de la dictadura a cargo de Bonifacio Cejuela.
Bajaron cerca de 20 uniformados y uno disparó su fusil contra Ortiz, que cayó boca arriba con una herida en el tórax. Tenía casi 25 años de militancia sindical. Tres meses antes de aquella tarde del 30 de marzo, le había comprado una cocina a su hija que se estaba por casar. Antes de irse a la marcha, le dijo a su esposa: «Prendé la radio después de las 17:30 y te vas a enterar qué va a pasar. Acá en este bolsillo tengo la factura de la cocina, si a mí me pasa algo, con esta dirección te van a buscar». Con la factura en la mano, alguien le fue a avisar a Blanca que José había caído herido en la movilización y estaba internado».
Juan Enzo Ortiz, Raúl Aldo González, Ricardo Jorge García, Bruno Antinori y Héctor Mairán, también resultaron heridos.
El dirigente de la AOMA murió el 3 de abril en el hospital Central y la noticia fue eternamente eclipsada por el desembarco en Malvinas del día anterior.
Apareció en escena el general Llamil Reston, comandante del IV Cuerpo del Ejército, para declarar que se había detectado la presencia de activistas comunistas y responsabilizar por la violencia, a los dirigentes gremiales que son «incapaces de dominar tales manifestaciones».
A través de un comunicado del Ministerio del Interior, emitido cerca de la medianoche, la dictadura aseguró que «la población no se sumó al reclamo sindical y lamentó particularmente los hechos ocurridos en Mendoza. El intento de perturbar la tranquilidad pública por parte de algunos sectores gremiales y políticos en el día de la fecha, se ha visto neutralizado por la serena actitud asumida por la población del país, que en su gran mayoría, no ha dado apoyo a la pretendida movilización».
Télam endiosó a los que no adhirieron al grito opositor. «Los argentinos que se negaron a salir a la calle a cometer desmanes y a plegarse a una provocación estéril, son la mayoría que ha sabido acompañar a la República en un momento decisivo para su historia».
A las 13:00 del día siguiente, la dictadura puso proa hacia Malvinas. Al anochecer del 31 de marzo, Gran Bretaña se enteró a través de su oficina de Inteligencia, que Argentina estaría en condiciones de desembarcar en las islas el 2 de abril por la mañana.
Cejuela le dijo a los medios que la familia del dirigente asesinado, le había pedido perdón a través de una carta, que jamás escribieron, por haberlo acusado de asesino. Las pruebas del hecho, estaban en las imágenes del Canal 9 local, pero el Ejército se encargó de incautarlas.
A Ortiz la Justicia lo mató por segunda vez, cuando la fiscalía dictaminó que su «fallecimiento» se debió a «un acto propio, solamente a él imputable y no cabe responsabilidad alguna del Estado Nacional, toda vez que el hecho que causa la muerte es culpa exclusiva de la víctima». Se amparaba en la mentira del parte médico, que habló de muerte por neumonía.
Los «gansos» de la provincia cuyana, prestaron hombres importantes de su staff a las últimas dos dictaduras. Amadeo Ricardo Frúgoli, fue el que llegó más lejos. Ministro de Bienestar Social entre 1970 y 1971, durante la dictadura de Levingston; luego ministro de Justicia, de Viola en 1981 y titular de Defensa de Galtieri.
El gobernador de facto aquel 30 de marzo del 82, era dirigente del Partido Demócrata y había asumido dos meses antes. La foja de servicios del contador Cejuela al «partido militar», comenzó en la última etapa de la Revolución Argentina, cuando fue ministro de Economía del interventor Francisco Gabrielli; hasta que el «Mendozazo» de 1972 terminó con el gobierno provincial.
Cejuela murió en 2011 a los 74 años y su último registro mediático era de 2003, cuando volcó su BMW en la Costanera, acompañado por un travesti.
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