Hay que encontrar la manera, para que el almanaque popular grite que todos los días es 24 de marzo. Es el punto de encuentro más claro que tenemos cuando los veteranos pierden la Filcar y a los pibes no les anda el GPS. Un día donde se mueren las dudas y reaparecen todas las certezas viejas. Plazas de todos el país en las que renace sin guardarnos nada, el ellos o nosotros; porque no hay otra forma de mirar la vida cuando estamos mano a mano con los defensores de la muerte. Y como el terrorismo de Estado «procesista», fue su primera medida económica, los 24 también repudiamos el industricidio, la desocupación, la especulación financiera y la deuda externa.
Las ausencias de la Plaza, siempre significan un explícito apoyo el pasado. Cerrar el 24 de marzo la Casa de Gobierno y no programar ningún acto oficial, para repudiar al último golpe de Estado; es un ataque a la democracia.
La única aparición del presidente fue en una radio amiga, utilizando al Alfonsín que odia, para criticar a Néstor bajando los cuadros. Ahora el ex presidente radical, al que bautizó como el «fracasado hiperinflacionario de Chascomús» y al que acusó de golpista, hablando de 2001 («Lo muestran como el padre de la democracia y fue partidario de un golpe»); le sirve para armar otro discurso ridículo.
Cuando le preguntaron por la inflación 0, dijo «han habido contratiempos», en la mejor imitación de Macri con el legendario, «pasaron cosas».
El dedo de amianto de Clarín para tapar el sol, parece indestructible. Para descalificar la marcha que nunca necesita de ningún aparato partidario para triunfar, la que siempre convoca desde el gesto político más generoso y reúne a multitudes que se juntan con la convicción del derecho a la vida; escupe en tapa que ayer movilizaron solo la izquierda y el kirchnerismo. En ese recorte, reduce una posición de gran parte del pueblo argentino, a una discusión chiquita.
La Nación fue intelectualmente más bicho e intentó ocultar la movilización gigante en Plaza de Mayo, con ecos enormes en Mar del Plata, Córdoba, Rosario y Bariloche, con la polémica de la «memoria completa».
Los dos respondieron como socios de Videla en Papel Prensa, como los dueños de la única fábrica de papel de diario que existía en el 76, a cambio de silencio cómplice.
Mientras Milei busca la figurita de Martínez de Hoz para llenar el álbum, Villarruel sigue siendo por varios cuerpos, la gran apologista de la última dictadura que tiene para mostrar el gobierno libertario. A diferencia del presidente provocador, ella es un cuadro militante del viejo «partido militar». Sin embargo cada 24 de marzo, la vice cultiva un perfil cada vez más bajo, justo en la fecha en la que tendría muchísimas ganas de arrancar una cadena nacional con Avenida de las Camelias de fondo y la voz de Mentesana en la presentación de su discurso.
Guarda gestos y palabras, en virtud de una especulación política futura, pero esa prudencia tardía, ya no le alcanza para borrar todo lo que hizo y dijo al respecto.
Mientras tanto, el presidente juega a los soldaditos comprando armamento inútil, secuestrando el sable «corno» y gritando que estamos en guerra; creyendo que de esa manera se gana el corazón de una familia castrense con sueldos tan bajos como el de cualquier estatal, una ola de suicidios inexplicables y una obra social destrozada por Petri.
Milei utiliza a la última dictadura para atacar «memoria, verdad y justicia» y deja en manos de consejeros como el Tata Yofre antes, Laje siempre y Rozitchner ahora, los ataques a una de las grandes banderas de un período histórico cercano, en el que gobernó la justicia social, el desendeudamiento, la industria nacional, la salud y la educación pública, la Patria Grande, la independencia económica y la soberanía política.
El anarco-capitalista acumula tres 24 de marzo, atacando a las víctimas del terrorismo de Estado en la Argentina, con videos provocadores que hablan por él. Su silencio banca el secuestro, las tortura, los asesinato, las fosas comunes, los vuelos de la muerte y el robo de bebés. Jamás se indignará por los hechos más aberrantes de los que fue capaz la condición humana, en más de 600 centros clandestinos.
Hay que encontrar la manera, para que el almanaque popular grite que todos los días es 24 de marzo. Porque es cierto, es ellos o nosotros…

