24 de marzo de 1976: Poco más de 2.800 días y 30 mil desaparecidos

En la segunda mitad del siglo XX, había días en que la cortina de noticias de Radio Colonia y la voz de Ariel Delgado, te paralizaban cuando la información prohibida cruzaba el Río de la Plata: «Buenas tardes amigos, he aquí las primeras informaciones para este boletín. Buenos Aires, una Junta de Comandantes asumió esta madrugada el poder en la Argentina. Tanques y tropas del Ejército con pertrechos de guerra ocuparon el casco céntrico de la Capital Federal. Según trascendidos, la ex presidenta era conducida a la residencia del Mesidor sobre la Cordillera de los Andes, en la patagónica provincia de Neuquén, a 1.700 kilómetros de Buenos Aires».

Fueron poco más de 2.800 días y 30 mil desaparecidos. La deuda externa aumentó un 600% y cerraron más de 20 mil fábricas. En Malvinas dejaron la vida 649 argentinos, pero los suicidios en tiempo de paz, duplicó nuestros muertos. Más de 400 bebés, fueron apropiados por los represores.
Los socios civiles del golpe operaron sobre tres terrenos: economía, justicia y medios de comunicación. Un escalón más abajo, los que de saco y corbata se hicieron cargo de algunos ministerios y secretarías. Después aparecieron en escena los que se hicieron cargo de gobernaciones e intendencias. Pero la «dictadura de papel», fue junto con la representación del poder real que ejercía Martínez de Hoz, los partícipes más necesarios del secuestro, la tortura y la desaparición de la Constitución.

Hoy 24 de marzo de 2026, quiero volar hasta 2004. Campo de Mayo. Néstor Kirchner llegó y saludó uno por uno a los altos mandos que lo recibieron, sin poder imaginar el final de aquel día de refundación, de renacimiento militante.
La pequeña comitiva subió al primer piso. En primera fila Pampuro, Néstor y el titular del Ejército, general Roberto Bendini. En aquella pared estaban los cuadros de dos de los cuatro dictadores 1976-1983. Pero la historia se quedará con uno, con el rostro más emblemático de los genocidas. El archivo eternizará aquel instante, donde la política se posó sobre el poder real y le mostró los dientes.
Néstor se paró frente a los rostros de Videla y Bignone. El presidente mantenía un semblante sereno, pero por dentro vivía un fuego cruzado de emociones. Aparecen en tiempo presente los compañeros de militancia de La Plata que se llevó el terrorismo de Estado y con ellos, todos los sueños de una generación. Kirchner estaba plantando un símbolo tan fuerte, que se convertiría en la gran bandera de los veteranos que regresaban y de los jóvenes que sumaban.
Su brazo derecho extendido en dirección a la pared y una sola palabra para cambiar la historia: “proceda”. En medio de un silencio sepulcral, Bendini bajó primero el cuadro de Videla y luego el de Bignone. Dos ordenanzas con delantal azul, se llevaron las imágenes con destino incierto. La pared semidesnuda, ahora tenía un par de generales menos de los que avergonzarse.

No sé cuántos había en esa mesa, si eran 5, 6 o 10. Lo único que puedo asegurar es que ese día alguien dijo que el destino de todos los muertos que fueran necesarios para vencer, era hacerlos desaparecer y por primera vez en nuestra historia el secuestro, la tortura y el asesinato; sería seguido por la desaparición de los cuerpos.
No sé cuántos había en esa mesa, si eran 5, 6 o 10. Lo único que puedo asegurar, es que uno murió en el inodoro del baño de su celda…