Para la historia política, económica y social de la Argentina, para su línea de tiempo, para su pasado; el 23 de marzo de 1976, un día como hoy hace exactamente 50 años, significó lo mismo que para toda América latina, el 11 de octubre de 1492. 24 horas después del último día de libertad, ellos gritaron «tierra» y nosotros dijimos «barco». El 11 de octubre, éramos un territorio liberado de conquistadores, en el que no había pólvora, ni perros asesinos, ni gripe, ni viruela. Tenía 70 millones de seres humanos desde México a Tierra del Fuego, con oro y plata en Potosí. Hombres y mujeres con sus lenguas, sus dioses, su cultura.
El 23 de marzo de 1976, un día antes del último golpe de Estado, Argentina tenía 2,7% de desocupación, industria nacional altiva con fábricas a tres turnos, el 48% del PBI para los trabajadores, el 80% de los laburantes en blanco y sindicalizados y una deuda externa de apenas siete mil millones de dólares.
Faltaba un día para el comienzo del industricidio, la «patria financiera», el dólar como religión y la llegada a nuestras vidas de la «plata dulce». No conocíamos al terrorismo de Estado con la crueldad y la locura, con la que se lanzó sobre el pueblo argentino en los próximos siete años y medio. Tampoco habíamos pronunciado alguna vez, la palabra desaparecidos para hablar de nuestros muertos.
El 23 de marzo de 1976 ya estaba rondando el «Operativo Aries», el signo sobre el cual nació la última dictadura. La sexta de «La Razón» sentenció, «Es inminente el final. Todo está dicho». Ese mismo día en la sede del Episcopado, monseñor Adolfo Tortolo, se reunió con el general Videla y el almirante Massera. Cuando el religioso salió de la entrevista, habló con la prensa y dijo un día como hoy hace 50 años: «Si bien la Iglesia tiene una misión específica, hay circunstancias en las cuales no puede dejar de participar, aún cuando se trate de problemas que hacen al orden del Estado. Debemos cooperar positivamente con el nuevo gobierno». Un día como hoy hace 50 años, la conducción católica legitimaba con argumentos seudo-teológicos, con justificaciones neo cristianas, el futuro plan sistemático de exterminio.
23 de marzo de 1976. El nuevo embajador suizo Williams Frei, presentó credenciales en Buenos Aires. Apartándose del protocolo, le pidió a la presidenta que «nacionalice la Compañía Italo Argentina de Electricidad». Isabel contestó que esa empresa sería tratada conforme a las leyes vigentes, que disponían que la Italo al vencer su concesión, tenía que ser transferida sin cargo a la Ciudad de Buenos Aires y que en consecuencia, «no correspondía pagar ninguna expropiación». Frei era parte de la CIADE con más de 100.000 dólares en acciones, el CEO de la empresa que luego compró el Estado, era José Martínez de Hoz y los representantes de la banca suiza en Argentina, eran los hermanos Alemann.
Hoy los protagonistas del horror, siguen peleando. Editorial de «La Nación», del 23 de marzo de 2026: «A 50 años del golpe militar del 24 de marzo de 1976, es preciso dar paso a una mirada comprensiva». Pide el diario alojar en algún lugar de la razón, a secuestro, tortura, asesinato, fosas comunes, vuelos de la muerte, robo de bebés, exilio, censura, 45 mil millones de dólares de deuda externa, el aparato productivo destrozado…
La mejor frase para cerrar este paralelo entre el 23 de marzo de 1976 y el 11 de octubre de 1492, es aquella del «Taki Ongoy» de Víctor Heredia: «Que hubiéramos sido, si nos hubieran dejado ser».

