Fuerzas Armadas contra los narcos: La ocupación encubierta del continente

El mapa guerrero de Trump, se completó ayer. Para controlar el «patio trasero», instrumentó la militarización de la vida cotidiana de todos los países de América latina, que muestran alineación casi religiosa con la Casa Blanca. La excusa noble, para esta ocupación encubierta del continente, a través de Fuerzas Armadas tan guionadas por Washington como sus gobiernos civiles, es el combate al narcotráfico. Un dato que como la guerra, sabemos como empieza pero nunca como termina.
Para que el juramento sea más muchísimo más militar que político, no casualmente se plasmó a través de una reunión en la sede del Comando Sur en Miami.

La misión que Estados Unidos le encargó a sus títeres en esta Conferencia Anticarteles, rompe en mil pedazos las leyes de la mayoría de los miembros de esta cruzada. Para suavizar el objetivo real, a «narco» le sumaron «terrorismo» y con la instalación de ese fantasma en el relato, terminaron de armar el enemigo perfecto. En nuestro caso, aunque al gobierno argentino no le interese demasiado, la Ley de Seguridad Interna es muy clara: Ejército, Marina y Fuerza Aérea, solo para «enfrentar las agresiones de origen externo».
En representación de la Argentina, firmó un hombre que reúne las dos condiciones que Washington necesita estén representadas en una sola persona: teniente general y ministro de Defensa. Carlos Presti con mandato de Milei, nos sumó a una declaración conjunta con 20 países, olvidando que según nuestras leyes, ese delito es competencia del Ministerio de Seguridad.
Excluidos de la fiesta Brasil, México, Colombia, Guatemala, Venezuela, Cuba y Nicaragua; la derecha y la ultraderecha del sur, decidieron sacar a sus uniformados a la calle. Militares que en su mayoría no responden a mandatos de independencia y soberanía, que archivaron hace un rato largo el concepto de patria y que a su modo resignifican el rol de la «patria grande»; porque para ellos, el «Plan Cóndor», fue una consigna de unidad continental.

Peter Hegseth, secretario de Defensa republicano, fue muy claro: «Estados Unidos está dispuesto a afrontar las batallas solo, incluso pasar a la ofensiva, pero preferimos hacerlo con los países aliados». Sin metáforas, avisó que tienen la «potestad divina» de invadir cualquier país latinoamericano. Para el cierre, una máxima muy de West Point y de la Escuela de las Américas en plena guerra fría: «Tenemos un origen común: somos occidentales, somos cristianos».
El segundo rol que jugará esta sociedad con perfume a proyecto Kissinger, es comenzar a terminar con la presencia de China en el continente; un dato que los libertarios no pueden terminar de asimilar. Sostienen una alianza política infinita con Estados Unidos, pero paralelamente, el rol protagónico de Beijing en los números de los liberales, por ahora es indispensable para sobrevivir.

El sábado será el turno de los presidentes. Milei estará en el resort, El Doral, de Trump en Miami. Nada de acuerdos en dependencias oficiales. «No juntamos en mi casa, asi que firmamos me duermo una siestita y despúes me voy a jugar al golf» es una costumbre del presidente de Estados Unidos, para degradar a la institución que representan sus invitados.
Esta alianza, de nuevo no tiene nada. Igual que con los planes económicos neoliberales, nos ofrecen como un auto 0 Km, el mismo combo que fracasó en México y Colombia. Militares combatiendo en teoría a los narcos, algo que solo aseguró en las últimas décadas, una mejor distribución de la droga en Estados Unidos, el país más consumidor del planeta.

Editorial de Gustavo Campana del viernes 6 de marzo, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).