Al país sin industria que sueña Milei, le sobran 15 millones de habitantes

Los diagnósticos que hacen las organizaciones industriales y comerciales de la derecha, no generan ninguna hipótesis optimista para lo que resta del gobierno libertario. Los que aplaudieron ajuste salvaje y flexibilización laboral desde diciembre del 2023, dos años después reclaman en voz baja medidas para poder reactivar el mercado interno. Hablan de bajar el peso de la carga impositiva y piden créditos para subsistir; mientras se siguen disparando en el pie, soñando con despedir barato y pagar menos salarios.
La borrachera ideológica que los impulsa en la mesa del bar, a desear «trabajadores sin derechos», se desvanece en plena resaca cuando recuerdan que el 80% de lo que se fabrica en el país, atiende los requerimientos de la demanda interna. Cuando el alcohol se los permite, entienden que en la Argentina, ante un un ajuste recesivo, el impacto siempre es automático en la industria.

La actividad manufacturera en la Argentina, está casi 10 puntos abajo que en 2023. Los números desde la asunción de Milei caen todos los meses, en un contexto de ausencia de demanda y desregulación total. El último informe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina, señaló que en diciembre pasado, la actividad cayó 3,5%. La UIA sostiene, que la producción nacional, aún se encuentra estancado en los mismos niveles del cuarto trimestre 2024 y un 9% por debajo de 2022″.

La producción vinculada a la construcción, continúa siendo uno de los sectores más afectados, con bajas por encima del 20%; mientras que la industria automotriz descendió casi un 9%. Los sectores que frente a la avalancha de bienes importados, están a punto de desaparecer, son indumentaria, calzado, acero, caucho y plástico.
El 52% de los empresarios consultados en la última «Encuesta de Tendencia de Negocios» del INDEC, dijo que el factor más importante que limita la capacidad para aumentar la producción, es «la demanda interna insuficiente».

El cierre de 2025 consolidó la fragilidad y desequilio industrial: los que a pocos les sobre, es lo que casi todos les falta. La industria está muy lejos de los niveles de años previos a Milei y lo que es peor, no solo no sueña con reactivación; sino que proyecta su destrucción total. Estiman que 2026, no tendrá nada nuevo para ofrecer.
Los números de la consultora Orlando Ferreres, adelantaron que la industria cerró el año en baja: «Con la actividad económica estancada, la industria retrocedió 5,7% interanual en diciembre» y los números no tan malos de algunos rubros, se apoyan en la baja base de comparación de 2024.
Sostiene la consultora de Ferreres, que «la industria es de los sectores más expuestos a las tensiones de la apertura comercial, y a ello se le suma un deterioro en la demanda de los hogares en lo que se refiere a consumo masivo».

Los sectores con crecimiento industrial, se limitan a los derivados de oleaginosas y a la refinación de petróleo, gracias a Vaca Muerta.
Los grandes ganadores del plan de negocios libertario, son los que no necesitan más gente que la poca que emplean (campo, minas e intermediación financiera), el resto de la economía argentina, lidera la destrucción de empleos. Solo construcción e industria, acumulan 123 mil puestos menos, casi el 70% del total de trabajadores registrados que quedaron en la calle gracias el neoliberalismo.
La destrucción de empresas se concentra en los principales centros económicos de la Argentina. Buenos Aires perdió más de 5.600 unidades productivas, Córdoba 3.700 y CABA 2.400. También el drama alcanza a los parques industriales más chicos, del norte y sur.
Chacó perdió el 11% de su industria y Tierra del Fuego el 10%.

Son estadísticas, de los que en a fines del 23 producían y hoy son exportadores. Son cifras duras, de los que hace dos años fabricaban y hoy se volcaron a la especulación financiera. Son números de los que con gobiernos populares atendían el crecimiento de la demanda y actualmente están en proceso de liquidación de máquinas, galpones… y trabajadores.

Editorial de Gustavo Campana del jueves 5 de febrero, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).