La gira de Santilli por el país profundo, continúa sin información oficial. No viaja en aviones de Fred Machado, porque así le fue al Pelado que reemplazó en la lista que lideraba Karen y que lo transformó en diputado nacional; pero hay que recordar que terminó siendo un candidato testimonial que nunca asumió en el Parlamento y saltó a ministro. Hecha esta necesaria aclaración, continuamos con la versión itinerante de la «Derecha Fest», que ya llevó al Colo por varias provincias. Después de cada diálogo a puertas cerradas, aparece algún título protocolar, acompañando una foto reglamentaria y nada más.
Se trata aunque parezca mentira, de un ministro de la Nación golpeando la puerta de los despachos de gobernadores amigos, asegurando votos en el Congreso. Nada más espúreo, nada más sucio y nada más adaptado a la «realpolitik». En síntesis, una nueva una derrota de la República y de la división de poderes, que no por repetida hay que tolerar.
Y cuando este diálogo secreto termina, por supuesto ninguno de los actores detalla oficialmente el detalle de una charla, en la que fue estafado el presente e hipotecado el futuro, de la Argentina que colocaron en vidriera con precio de liquidación. Aunque parezca mentira, deben explicaciones, están obligados a salir de este formato de «niebla y noche» en el que están operando.
Cuidando las formas, Santilli ofrece cuatro grandes opciones, cuatro planes de pago: pesos a través de obra pública, asistencia directa en billetes de la Casa Rosada, provincializar entes nacionales para su privatización y en algunos casos, autorizaciones celestiales para la toma de deuda externa. A cambio, pide votos que le regalen reforma laboral al «poder real», para consolidar una relación capital-trabajador, totalmente liberada de derechos.
Un juego perverso, que roza todo el tiempo lo «políticamente ilegal», ampado en la legitimidad de las urnas. Presión, extorsión y coima, son los tres niveles de corrupción imaginables, que quedará guardado entre cuatro paredes. Responsables de esta nueva violación a la democracia, un gobierno que recuperó la cartera de Interior solo para activar un escandaloso lobby parlamentario y gobernadores que con tal de sostener su lugar, terminan con sus economías regionales y quedan sujetos según la geografía, a soja, vacas, minería y petróleo.
La Casa Rosada y los capataces provinciales que co-gobiernan desde el Parlamento esta Argentina libertaria, son socios en la muerte de la industria nacional, en la extranjerización de la tierra, en los 10 años que cumple Milagro como presa política, en la creación de la RAM, en la contaminación con agrotóxicos, en la quema de bosques para sueños inmobiliarios y en el agua que se toma la Barrick Gold.
Un grupo de choque que patotea con buenos modales, a cambio de leyes, tiene contra las cuerdas a la Constitución, que en ningún artículo dice que los gobernadores son los dueños de sus legisladores. Estamos naturalizando demasiado, que las bancas son ocupadas por títeres amantes de la «obediencia debida», capaces de vender al mismo pueblo que los instaló en el Congreso.
Los laburantes a los que le modificarán radicalmente su vida, mientras la reforma laboral libertaria esté vigente; autorizó con el voto su suicidio.
Los que deliberan y gobiernan en su nombre los traicionarán una vez más, con una zanahoria que promete crear trabajo, a cambio de condiciones laborales del siglo XIX. Según los libros, aquel dicho inglés de «la zanahoria y el palo», se refiere a una estrategia de motivación que combina recompensa (zanahoria) y castigo (palo), para generar un comportamiento deseado por el amo. Está inspirado en la idea de mover a un burro o caballo ofreciéndole una zanahoria delante y golpeándolo con un palo por detrás. Metáfora perfecta de persuasión, donde la zanahoria representa el regalo si te portás bien, laburar 12 horas sin chistar) y el palo, es la amenaza del despido, a partir de la nueva ley, con indemnización pagada por el trabajador…
Editorial del viernes 16 de enero de Gustavo Campana, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).

