27 de enero de 1977: Secuestro de la adolescente Dagmar Hagelin

Tenía 17 años. Esa mañana fue secuestrada, luego de recibir un balazo por la espalda. La joven fue víctima de un comando de la Armada, liderado por el capitán Alfredo Astiz. En el verano del 75, había conocido en Villa Gesell a Norma Burgos, esposa del jefe montonero Carlos Caride. La relación se produjo a través del padrastro de Dagmar, Edgardo Waissman, quien había sido defensor de Caride en 1974.
El 26 de enero de 1977, el Grupo de tareas 3.3.2 de la ESMA, detuvo en la calle a Burgos. En el interrogatorio, dijo que al día siguiente recibiría a la dirigente montonera María Antonia Berger. Al día siguiente (08:30), Dagmar fue a visitar a Norma (Sargento Cabral 317, El Palomar) y los marinos creyeron que se trataba de Berger.

Cuando le ordenaron detenerse, su respuesta fue salir corriendo por la calle Pampa y en la persecución, Astiz acertó un disparo en la cabeza de la joven. Fue trasladada a la ESMA y nunca más se supo de ella. El general Viola, en su carácter de jefe del Estado Mayor del Ejército, respondió por escrito a los reclamos por el destino de Dagmar: «El gobierno argentino continúa investigando, pero hasta el momento no se han conseguido resultados».
El 1 de abril el matutino sueco «G.T.», tituló: «Dagmar: La han ejecutado los terroristas de extrema derecha». En el artículo aparecían declaraciones del embajador sueco en Buenos Aires, Karl Anders Wollter: «Jamás vamos a dejar de reclamar por Dagmar». Encabezaba la nota, la foto de una gorra militar encima de una pelota. El diplomático sueco había entrado en funciones el 23 de diciembre de 1977 y en su primera entrevista con el canciller Montes, le expresó que venía a trabajar hasta la solución definitiva del caso Hagelin. Igual mensaje le dejó a Videla, cuando lo entrevistó tres días después.

En enero de 1978, Wolter se reunió primero con Massera y luego con el cardenal primado de la Argentina, Juan Carlos Aramburu. El 14 de febrero, Wolter dialogó con el jefe de la Policía Federal, René Ojeda y más tarde con el ministro de Economía, Martínez de Hoz y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, general Manuel Ibérico Saint Jean. Ninguno de estos encuentros, arrojó resultados positivos.
El Partido Socialista Obrero Español, con la firma de Felipe González, el 10 de mayo, envió telegramas a los hombres de la Junta Militar, pidiendo la aparición con vida de Dagmar.
El 26 de mayo la «Asociación Cristiana de Jóvenes y Mujeres de Suecia», le envió una carta a Videla pidiendo por quien había sido una de sus socias en la niñez.

En su edición del 30 de mayo, el diario sueco «Expressen» con la firma de Arne Lemberg publicó un reportaje a Ragnar Hagelin, padre de Dagmar: «Para mí, ella no está muerta».

En las páginas centrales del periódico «Aftonbladet» del 3 de junio, cuando Suecia se aprestaba para debutar en el Mundial, se publicó un dibujo de Froberg Sundsvall que marcaba el sentimiento de muchos de sus compatriotas: 13 jugadores mirando el logo de la Copa y en sus espaldas, cada uno de ellos con una letra formando «Dagmar Hagelin». Al pie de la ilustración decía: «Hoy juega su primer partido en Argentina, lugar donde Dagmar Hagelin desapareció hace dos años».
La misma publicación había sacado en su edición del 10 de junio de 1977, una foto de las remodelaciones que se estaban haciendo en el estadio de River, bajo el título: «A un kilómetro del estadio en que se jugará el Mundial, está el centro de torturas donde se encuentra Dagmar». La interna de aquella delegación en torno a la cuestión derechos humanos, había estallado antes que la delegación sueca viajara a la Argentina para jugar la primera fase con Brasil, Austria y España. Mientras muchos jugadores se sumaban a las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el técnico Aby Erikson había dicho: «Vamos a Buenos Aires a jugar al fútbol, no a hacer política». Cuando arribaron a Mar del Plata, el entrenador agregó: «No he visto cadáveres por las calles. La Argentina parece un lugar más seguro que Suecia». Cuando terminó el Mundial, la presión que se había generado en su contra, lo obligó a renunciar.
El 23 de junio, el presidente de la Asociación de Fútbol de Suecia y dirigente de la FIFA, Tore Brod, acompañado por representantes de su embajada en la capital argentina, se reunió con el coronel San Román. El militar le hizo una promesa, que luego no cumplió: dar una respuesta del caso Hagelin en los últimos días de agosto.