Un año antes de su muerte, Videla fue tapa de la española «Cambio 16». La redacción encontró en un fragmento del diálogo, un título seductor para la derecha reaccionaria disfrazada de liberal. Una frase con la que el monstruo se victimizó tantas veces, como imaginario rehén de una democracia con sed de venganza: «La vendetta de Kirchner contra el Ejército, seguirá mientras persista el unicato».
El diálogo transcurrió en su calabozo de Campo de Mayo, dato fundamental para entender la ira del dictador. La condena primero y la cárcel después, eran estaciones esenciales para poder dimensionar la bronca del tirano a 36 años del comienzo de su reinado.
Las instituciones que lo habían humillado con el juicio a las Juntas en 1985, pasaron a cuidarlo a principios de los años 90 con el indulto menemista; un posgrado soñado de Obediencia debida y Punto final. Hasta que llegó el fatídico 2003: «Alfonsín cumplió a su manera. Menem también, a su forma, cumplió con los indultos. Así llegamos al matrimonio Kirchner, que vuelve a retrotraer todo este asunto a la década de los setenta y vienen a cobrarse lo que no pudieron en esa década. Lo hacen con un espíritu de absoluta revancha. Nuestro peor momento llegó con los Kirchner. Estos señores eran burócratas que repartían panfletos y no mataron ni una mosca entonces. Y eso les da vergüenza, claro, y quisieron exagerar la nota de persecución para sacar patente de corso, de malos de una película en la que no estaban».

