¿Y el presupuesto? Repetido show libertario en el Congreso

Las promesas no son eternas y mucho menos el planteo de sacrificio infinito. El pacto electoral en su cara más virtuosa, necesita convertirse en realidad, aunque sea parcialmente, para no transformarse tan rápido en un relato vacio. Los juramentos no renuevan su encanto por DNU, no siguen vigentes solo porque se repitan en todas las apariciones ante empresarios, en los viajes para recibir premios de cartón, en cada discurso por cadena nacional y en todos los reportajes con operadores amigos. La realidad termina con la palabra, cuando la distancia entre la verdad y el discurso, se estira kilómetros cada 24 horas. Los compromisos de «Milei candidato», no sobreviven después de la asunción si siempre cantás la retruco con un 4. El triunfo no los blinda, al contrario los hace cada día más frágiles si el clase media es cada vez más pobre, el pobre se convirtió en marginal y el marginal va camino a la extinsión.

Ayer el creador de riqueza con o sin plata, no dijo nada nuevo y otra vez le habló solo a los mercados, confirmando que es el gerente de una gigantesca fábrica de pobreza. Volvió a sentir orgullo, por la criminalización de la protesta social y mencionó algo así como «gobernar es ajustar».
El mismo que mintió con la dolarización automática, la quita del cepo y el fin de los privilegios políticos; cree que no está pagando ningún costo político, por planificar la miseria, comprar votos en el Parlamento, tener un ejército de mediocres que inundaron de familiares la función pública y a decenas de trolls que cazan opositores por las redes.
No pronunció en la presentación del país económico 2025, datos claves como industria nacional, mercado interno, salarios y jubilaciones justas, ciencia y tecnología propia o defensa de los recursos naturales. Su ADN se lo impide.
El mismo que ya no promete ser Italia o Francia en 15 años, en 20 Alemania o en 35 Estados Unidos; porque después recalculó y parece que nos faltan 45 años para ser Irlanda, solo sabe que nuestros números son los peores de la región y uno de los peores del planeta.

El presidente del «milagro argentino», no camina sobre el agua, Lázaro no volvió a estar entre nosotros, ni se multiplicaron los panes y los peces. Parece que las fuerzas del cielo no arrancan y el mismo discurso después de tres campañas electorales y poco más de nueve meses de gobierno, es solo un montón de palabras gastadas que se volvieron difíciles de defender hasta para la tropa más leal.
El continuo revoleo de cifras inexistentes, escupidas por un alumno que repite números sin razonar sus consecuencias; más una historia ficcional para maltratar al pasado por necesidad, hace rato que son recursos vencidos.
La amenaza de las siete plagas si no se hace lo que el supremo dice desde el atril, eran eficientes con su clientela antes de la banda y el bastón; pero después del ajuste más cruel de nuestra democracia, luego de matar 10 mil pymes, de generar 200 mil despidos, profudizar el hambre y la pobreza y gobernar con palos y gases, la profecía perdió su magia original.
Del próximo Premio Nobel de Economía, se espera algo más que un mensaje sin un solo detalle (ni técnico, ni político), del presupuesto que fue a presentar. Pagó a su gente más cercana por un rato de domingo, con una ratificación «in aeternum» del veto, la profudización de «achicar el Estado» para hacer desaparecer a la Nación y les tiró por la cabeza a las provincias un recorte de casi 60 mil millones de dólares. Los legisladores volvieron a ser ratas miserables y el Topo prometió seguir dinamitando al Estado.
Ayer padecimos un nuevo show del ajuste que está llevando a cabo un Gobierno suicida, mientras el «poder real» sigue acumulando riqueza hasta que dure la fiesta. Ayer por momentos, el Congreso fue escenario de un tardío acto electoral 2023 y de a ratos una fiesta antikirchnerista pensando en las urnas del año que viene. Ayer los invitados especiales fueron barra brava VIP, aplaudidores que a falta de militancia se puso al hombro el cantíto ridículo, «la casta tiene miedo».
El escenario para el montaje de un show, fue el más riesgoso. Solo contó con un recinto semivacío y aplaudidores tan poco creíbles como el actor. El raiting de la tele abierta bajó más de 10 puntos y fue el encendido más bajo del año para el prime time del domingo.
Una hora antes del discurso, el rating rozaba los 16 puntos, número que llegó a un piso de 3,5 durante el mensaje.
El presidente protagonizó un acto tan devaluado como el lanzamiento del período de sesiones ordinarias, también domingo, pretendiendo el regreso noventoso de «Ritmo de la noche» y del Pacto de Mayo firmado en julio.

Milei citó a Cicerón, para apuntalar la raíz de la idea del ajuste. Perón tomó del romano, aquello de «La fuerza es el derecho de las bestias», para titular su primer libro en el exilio. En ese escrito del 58, después de bombardeo, golpe, proscripción y fusilamientos, dijo que sus enemigos, ensangrentaron y destruyeron al país. «Amo demasiado al Pueblo y hemos construido mucho en la Patria para no pensar en ambas cosas. Sólo los parásitos son capaces de matar y destruir, lo que no son capaces de crear» (Editorial de Gustavo Campana, en CAMPANA750 por AM750 – 16 de septiembre de 2024).