Solo dos negocios importantes en Nueva York y con empresas argentinas…

El encuentro que prometieron «histórico», solo cumplió con su condición de «inolvidable». Y seguramente esta expo Argentina, será muy recordada por muchísimas razones ajenas al objetivo original con el que soñaba el Gobierno. Quedará en el archivo como un fracaso mayúsculo rodeado de tantos escándalos, que ese país que fueron a vender no sedujo a nadie.

Primero Milei, tratando de chorros a los empresarios, en el marco de un encuentro que invitaba a la inversión extranjera. Luego el caso Adorni, desnudando a partir de una foto, una trama de corrupción que todos los días ensancha un poco más la información original. Podríamos sumar al contexto de la reunión, la confirmación del 2,9% de la inflación de febrero y los peligrosos peritajes del caso Libra, datos que si bien llegaron tarde, tampoco ayudan a superar el clima de negocios inexistente.

Casi todos los participantes de «Argentina Week» en Nueva York, fueron argentinos; los medios internacionales prácticamente desconocieron el evento; Milei no participó de una sola reunión con los 11 gobernadores dialoguistas que lo acompañaron y las dos únicas grandes inversiones privadas anunciadas, fueron de Marcelo Mindlin (Pampa Energía) y de Mercado Libre. Dos operaciones que podrían haberse cerrado en Buenos Aires, pero que fueron utilizadas para animar la fiesta en Manhattan.
Por lo tanto, este oulet que abrieron en Estados Unidos, confirmó que no hay interés de capitales extranjeros por desembarcar en estas tierras y ratifica que se puso de moda escapar del mercado local.

Nadie invierte en un país en recesión, a punto de ingresar en el infierno de la estanflación. Al capital, el relato libertario no lo convenció en poco más de dos años y a medida que el tiempo les siga confirmando que Milei era una estafa, cada vez estará más lejos. Nunca los enemoró el relato, aterrizan cuando ven importantes márgenes de ganancia, obra pública para contar con la infraestructura indispensable y solidez política. A las corporaciones les gusta la macroeconomía ordenada, pero desconfían de la suma de salvatajes que aumentan la deuda. No creen en un éxito fiscal sustentado por el robo a jubilados y estatales, en el congelamiento de las transferencias a las provincias y el ajuste histórico en salud, educación y ciencia.
En esta suma de mentiras en la macro y en la micro, solo sobreviven los tres negocios que no ofrecen trabajo, ni distribuyen la riqueza: hidrocarburos, minería y agro.
En medio de una guerra que nadie sabe ni cómo, ni cuándo termina y con elecciones en noviembre que pueden determinar el fin de Trump y como consecuencia directa el debilitamiento de Milei; nadie va a poner un dólar en un país imprevisible.

Pasó «Argentina Week» y sobrevive una sensación de última ficha malgastada en un pálpito que perdió por obligación. Quedaron Adorni como mancha de aceite que crece; Libra como un afano de cinco millones de dólares; la recesión libertaria, la inflación imparable y un futuro atado a la suerte de Trump.
Nadie suele comprar un auto usado con el motor fundido, el problema es que Milei se lo quiso vender a los que inventaron este curro, hace un rato largo… FIN, como diría Manu.