Los resultados de la reforma laboral encubierta que instaló el «poder real» a través del DNU 70/2023 y la Ley Bases, fueron un anticipo de lo que vendrá con la flexibilización total de las condiciones de trabajo. En poco más de dos años se perdieron casi 290.000 puestos registrados y el 85% de los trabajadores que se sumaron al sistema, son informales o cuentapropistas. Quién quiera oir que oiga, pero son datos paridos por la borrachera ideológica neoliberal, que sueña con un país sin recibo de sueldo. Por lo tanto, lo que viene, es peor de lo que ya fracasó.
Aquellas normas regresivas dictadas al oido del gobierno libertario por Techint y el estudio de Funes de Rioja, volvieron a mostrar por cuarta vez en casi medio siglo, lo que genera en la economía de un país industrial que consume el 80% de lo que produce, la pérdida de derechos de los asalariados. El trabajador que construye la oferta, cuando sale de la fábrica se transforma en demanda, por lo tanto, si no hay sueldos dignos, se paraliza el consumo de la mayoría y lentamente se ingresa en un callejón sin salida.
El año pasado, el 70% de los convenios cerró por debajo de la inflación. Solo dos de cada 10 sectores consiguieron en la segunda mitad del 2025, aumentar el salario real respecto al mes anterior y la pérdida promedio, fue del 5%. En algunos rubros, esa caída superó el 7% y otros rozó los 9 puntos.
A finales del 25 y para sostener con alfileres la paz social, la patronal accedió a acortar los plazos de los acuerdos, en la mayoría de los sectores pasó de 3 a 2 meses y en muchos casos tuvieron que incorporar sumas fijas.
Esta receta ruinosa dio como resultado, que el 12% de los trabajadores, tenga dos empleos para completar los ingresos que tenía hasta la llegada de Milei a sus vidas.
Como parte de esta transferencia de recursos, nunca hay que perder de vista que un tercio del ajuste, lo sostiene la baja de la calidad de vida de los jubilados. El poder de compra de la mínima se redujo 9% entre 2023 y 2025 y es un 44% menor que en 2015.
En 2026, tres grandes ingredientes no le harán fácil las cosas al Gobierno en las próximas discusiones salariales: recesión, que se profundizó en el último bimestre del 25; desocupación en aumento, afectando fundamentalmente a industria y construcción y una inflación arriba del 2%. No será tan simple para Milei-Caputo controlar la inflación, con una medición del INDEC que amenaza con ser un poco menos irreal y paritarias que ya no podrán ser contenidas en el 1 o 1,5%.
Paralelamente, Toto está muy lejos de prometer modificaciones en una política cambiaria que le resta competitividad a la producción argentina y de cerrar un esquema de valorización financiera basado en la especulación del capital.
No solo que no habrá cambios en la dirección de la economía libertaria, sino que están enamorados de las medidas más tóxicas que atentan contra el crecimiento y el desarrollo de nuestros números: importados y reforma laboral.
Editorial del jueves 29 de enero de Gustavo Campana, en «La mañana de la 750» (Víctor Hugo Morales).

