Primer programa de «Campana 750»: Sábados de 06:00 a 08:00

Fragmentos de dos horas de radio

«Vengo de tan abajo y salí a la superficie a través de tantas capas duras como el cemento, que hoy sólo al recordarlo, me duelen todos los huesos del alma. Tengo los dientes rotos de morder imposibles.
Pero yo en tu lugar, buscaría en el pueblo la vieja sustancia del héroe, porque hay que resucitar al héroe. El pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua, con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva, que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Y hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria.
Lo que sigue firme aquí, es una potencialidad vacante… y un escenario vacío es un pedido de la historia.
Sea como fuere, todo aquí está en movimiento y como en agitaciones de parto. ¡Entonces, dignos compatriotas, empecemos otra vez!» (LEOPOLDO MARECHAL).

La respuesta libertaria a la marcha de esta tarde, fueron los despidos del Ministerio de Salud. Lugones echó al 40% de los trabajadores de la Dirección de respuesta al VIH, Hepatitis, ITS y Tuberculosis. Una decisión que implicará muertes.

Octubre de 2019. Cuando todavía no tenía su nuevo documento, Isha votó como mujer y agradeció a los fiscales de mesa por el respeto que le brindaron a su decisión.
El 13 de febrero de 2020, Isha Escribano recibió el DNI número 9 mil con identidad autopercibida. “No es casual, de hecho, que mi primer recuerdo se remonte a un bañito ‘de servicio’, donde extasiada y con tan solo 3 años de edad, me montaba clandestinamente a unas botas marrones de caña alta”, dijo la hija de José Claudio, el hombre más importante de la redacción del diario La Nación durante décadas, hasta su jubilación en 2005.
A principios de enero de 2019 y a punto de cumplir 50 años, ella inició el camino para convertirse plenamente en quien siempre soñó ser; después de invertir “muchísimo tiempo, recursos y energía en ser normal”.
Estudió medicina y se recibió con medalla de oro, pero no ejerció. Buscó en el periodismo y encontró muy poco. Luego la música y el universo espiritual de la meditación a través del yoga. Pero faltaba lo más importante para estar realmente completa.
Que suerte que su padre no tuvo razón, cuando le fijó un plazo tan corto a un proyecto de país que transitó 12 años de la política argentina, en caso de no cumplirse sus exigencias virreinales. Porque si su palabra hubiese sido ley, los sueños de Isha estarían incompletos.
“Me pasé toda la vida vistiéndome de mujer en la oscuridad, en la soledad, con vergüenza, con miedo, con la sensación de estar transgrediendo lo intransgredible. Le pedía al cielo que me elimine esto”, Isha 13 de febrero de 2020 en Casa de Gobierno.

«Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. El censor transforma a uno de los más lúcidos centros culturales del mundo, en un Jardín de Infantes. Ha convertido nuestro llamado ambiente cultural, en un pestilente hervidero de sospechas, denuncias, intrigas y presunciones.
No sabemos, salvo excepciones, si el censor trabaja a sueldo, por vocación, porque la vida lo engañó o por mandato de Satanás.
Lo que sí sabemos, es que existe desde que tenemos uso de razón y que de un modo u otro, sobrevive a todos los gobiernos y renace siempre de sus cenizas, como el Gato Félix.
Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. Cuando el censor desaparezca, estaremos decrépitos y sin saber ya qué decir. Habremos olvidado el cómo, el dónde y el cuándo y nos sentaremos en una plaza, como la pareja de viejitos del dibujo de Quino que se preguntaban: ¿Nosotros qué éramos…?.
Todos tenemos el lápiz roto y una descomunal goma de borrar, ya incrustada en el cerebro. Pataleamos y lloramos hasta formar un inmenso río de mocos que va a dar a la mar de lágrimas y sangre que supimos conseguir en esta castigadora tierra.
Una frase para este presente: Nuestra cultura parece regida por un conjuro mágico: no nombrar, para que no exista. A ese orden pertenece la más famosa frase de los últimos tiempos: LA INFLACION HA MUERTO (por lo tanto no existe)».
María Elena Walsh, «Desventuras en el país jardín de infantes» (Clarín 1979). María Elena nació un día como hoy, pero de 1930.

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