Después de muchísimo tiempo, dos de los grandes motores económicos de América del Sur, comenzaron a moverse en sociedad con decisiones medulares coordinadas. Entregados al “divide y reinarás”, obligados a mirarse con recelo y considerarse mutua hipótesis de conflicto, Argentina y Brasil iniciaban una etapa histórica en el siglo XXI a través de dos gobiernos populares.
13 de diciembre de 2005. Brasil anunció el pago por adelantado al Fondo Monetario Internacional y a través de sus reservas, de 15.500 millones de dólares por vencimientos 2006-2007. El monto correspondía a un préstamo negociado con el organismo multilateral en 2002, por 41.750 millones de dólares.
En esta operación, el gobierno de Lula redujo en 900 millones el pago de intereses.
15 de diciembre de 2005. Néstor Kirchner prometió la cancelación de la deuda total de la Argentina con el FMI, a través de 9.810 millones de dólares a pagar con reservas del Banco Central.
El monto era equivalente al 36,6% de las reservas del país, que en ese momento sumaban 26.800 millones de dólares. En ese momento, el pago representa algo menos del 9% del total de la deuda argentina, estimada en casi 127 mil millones.
Ahorro de casi 1000 millones de dólares en intereses.
“Nuestros pueblos han conocido la violencia espiritual y física que produce la ausencia de los derechos y libertades fundamentales y han abrazado a la democracia como un proyecto de vida. Nos toca como gobernantes garantizar que esa democracia se traduzca en beneficios concretos para todos los ciudadanos sin distinción, ya que sabemos que ella se desnaturaliza cuando sólo la disfrutan plenamente unos pocos. No existe libertad con hambre, no existe la dignidad sin trabajo, no existe la igualdad sin educación” (Néstor Kirchner, 16 de octubre de 2003, en la firma de acuerdos con Brasil).
Terminaba un larguísimo período de cesión de la capacidad de autodeterminación, a organismos acreedores que usaban la deuda como instrumento de extorsión. A través de este vínculo enfermizo, estallaban los compromisos de campaña electoral con la ciudadanía y gobernaba el ajuste perpetuo.
Argentina y Brasil, invirtieron en espacios de libertad. Ensancharon sus márgenes de independencia, después de privatizaciones y extranjerización de la economía. Tomada la decisión de pagarle al Fondo, los protagonistas y herederos del desastre de los ’90, corrieron por izquierda a los dos presidentes acusándolos de malgastar tanto dinero en una deuda, en lugar de paliar las necesidades que ellos mismos generaron.
Continuar el eterno embarazo con el FMI, significaba más achique para generar más hambre. Los que habían auspiciado cualquier acuerdo con Michel Camdessus, Horst Köhler, Dominique Strauss-Kahn y Rodrigo Rato, ahora justificaban el no pago en función de las privaciones del presente. Los hipócritas que recorrían los medios “pensando en los pobres”, volvían a defender falsas opciones pensando en el futuro.
En el Salón Blanco de Casa de Gobierno y ante casi 700 invitados, se habló de soberanía política e independencia económica. «Hemos tomado las decisiones institucionales que nos permitirán destinar nuestras reservas de libre disponibilidad al pago de la deuda total con el FMI», firmado Kirchner.
Los vencimientos con el organismo, eran leoninos. Restaban 200 millones de dólares de 2005. Para 2006 eran de 5.082 millones, en 2007, 4.635y en 2008, 432.
Néstor señaló, «se trata de un paso largamente conversado con los presidentes del Mercosur y especialmente con el de Brasil, Lula da Silva, a quienes agradecemos». También subrayó la ayuda recibida de Venezuela, país que se comprometió a comprar bonos de deuda por unos 1.500 millones de dólares.
El 3 de enero de 2006, Néstor Kirchner canceló en un solo pago la deuda naturalizada que la Argentina mantenía con el Fondo Monetario Internacional, por más de 9.800 millones de dólares. Créditos pedidos desde la dictadura de Aramburu, hasta el interinato de Duhalde.
Las divisas giradas desde las Reservas del Banco Central permitieron un ahorro de 842 millones de dólares en intereses y posibilitaron terminar con las condiciones de achique, ajuste y endeudamiento, que imponía la entidad financiera en la economía interna.
Los dólares invertidos en independencia económica, salieron de las reservas del Central y llegaron a las cuentas del FMI, mediante una compleja operación financiera, destinada a esquivar posibles embargos de los fondos buitre.
“Les pagamos, le dijimos chau y recuperamos nuestra soberanía, recuperamos nuestra dignidad y el Fondo Monetario Internacional no viene más a conducir los destinos de la economía de la Patria, como lo hizo durante tanto tiempo. Ya no tienen que sacar más los títulos que decían que llegaban los veedores del Fondo Monetario Internacional a ver cómo nos portábamos los argentinos.” (Néstor Kirchner, 25 de mayo de 2007).
Miércoles 29 de agosto de 2018. El mensaje duró exactamente, 1 minuto 42 segundos. El texto más corto de la historia económica argentina, comenzó a consolidar la dependencia política de dos o tres generaciones. La Biblia del macrismo, bautizó al nuevo “abrazo del oso”, como un “financiamiento preventivo”.
Después de destruirlo todo en tiempo récord, Cambiemos entendió que la única salida era el Fondo Monetario Internacional. Un Macri en pleno jaque mate, anunció desde Olivos que el FMI giraría 29.000 millones de dólares hasta 2019; partidas que estaban previstas originalmente para 2020 y 2021.
El Presidente afirmó que con esos verdes en el bolsillo, buscaba “fortalecer la confianza y retomar el sendero de crecimiento lo antes posible”. En realidad, el monto total tenía como destino las cuentas de los bonistas y esos dólares solo estaban proyectados, para no caer en un default previsible.
“Sé que estas situaciones tormentosas generan angustia y preocupación en todos ustedes. Pero sepan que estoy tomando todas las decisiones necesarias para cuidarlos. Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para salir adelante. Estoy convencido. más que nunca, que juntos vamos a poder superar nuestras dificultades, cambiando de verdad, de raíz, y entendiendo que no hay atajos mágicos”, concluyó el mandatario.
A partir del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en la Argentina de Macri asumió la conducción de la Rosada, el que nadie votó. Poco menos de dos años de gobierno y el presidente entregó el poder de manera anticipada a un elenco de titiriteros con sede en Washignton. Después de estrellar al país contra la economía de mercado, sin respuestas para tanto número negativo de la micro y macroeconomía y a un par de cuadras del default, Cambiemos entregó la llave.
Con matices, esta intervención imperial tiene antecedentes cercanos. Primero los centros financieros del poder mundial, le arrebataron el Palacio de Hacienda a Menem y fijaron las reglas de juego a través de Cavallo. Y con De la Rúa, reinstalaron a su funcionario estrella como superministro, para acomodar las estanterías del outlet ante una nueva liquidación por fin de temporada. (Fragmento de «Néstor Kirchner: No les tengo miedo»).

