Pactar con el diablo para comer un par de días o estirar el corte de luz

Toto ya lo explicó. El aumento en la mora crediticia se debe a que la gente se sobreendeudó a tasas muy altas, esperando que la inflación y el dólar la licuaran; pero como ese escenario no ocurrió, aparecieron los problemas. Es muy simple, salvo que te niegues a entender algo que está tan claro: millones de seres humanos que no saben lo que hacer con la guita en esta Argentina libertaria, apostaron y perdieron. Hombres y mujeres que ganan en promedio 800 lucas, especularon con que una devaluación o una suba inflacionaria que diluyera el valor de sus deudas.
En síntesis la culpa es de los «nadies», esos inexpertos que se meten en la timba financiera, creyendo que esa joda es para cualquiera…

La deuda para cubrir gastos básicos, siempre es un espejismo que en tiempos de crisis fabricada por el neoliberalismo, engaña a la víctima nueva y cuenta con la obligada complicidad del deudor veterano. El debutante cree que le va a ganar al sistema, como el tipo que entra confiado por primera vez al casino y la víctima vieja acude al verdugo por necesidad, conociendo el trágico final del cuento.
Actualmente el endeudamiento de las familias argentinas, supera los 39 billones de pesos: 32 billones representan deuda bancaria y el resto, obligaciones no bancarias. Seis de cada 10 hogares argentinos, registran algún tipo de compromiso y Lla deuda promedio por núcleo familiar, roza los seis millones de pesos.

Un pacto con el diablo que cubrirá el hambre de algunos días o estirará por un par de semanas el corte de luz, mientras se cocina a fuego lento una condena a mediano plazo, que al principio se muestra como solución y en realidad es parte del problema.
Se termina la capacidad de pago y muere la financiación, cuando la cuota de la bola de nieve crediticia es tan importante como la cantidad que demanda el pago de comida o servicios. En ese momento, el banco o la financiera del barrio se quedaron con un cacho de vida de los atrapados en el callejón sin salida y la usura institucional en sus distintos niveles, ocupa un lugar en el podio de los ganadores del modelo.
Mientras el asalariado puede cubrir su deuda total o parcialmente, el negocio tiene niveles de rentabilidad obscenos y cuando no puede pagar, el costo de la operación está cubierto por la rentabilidad de otros negocios financieros. Hay uno que pierde siempre y otro que no pierde nunca. El único que se quedó sin recursos en medio de la tormenta, es el que intenta el milagro de la supervivencia con un salario miserable.

Informe lapidario de la Consultora 1816: La mora en préstamos familiares es del 11,2% y antes de la «miseria planificada» por Milei no llegaba al 3%. Acumuló 16 meses consecutivos de suba, se cuadruplicó en los últimos 12 meses, superó los niveles de la pandemia y es el nivel más alto en dos décadas. La deuda abarca tres caminos al abismo: tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamiento bancario.
El drama se agiganta en los formatos no financieros (billeteras, plataformas de crédito y casas de préstamos barriales), porque en esas instancias con menos requerimientos para acceder al billete salvador, la mora trepó al 30%. Esa la deuda de los sectores más vulnerables.

En la morosidad creciente se mezclan los mismos ingredientes que dinamitaron el consumo, por decisiones del gobierno libertario que decretan el camino o desregulan para que el lobo que cuida a las gallinas viva de fiesta. En ese cóctel, se combinan inflación, suba de tarifas, salarios pisados y tasas de interés altísimas; datos que empujan al trabajador, a asumir distintas modalidades de crédito hasta que su recibo de suelo no soporta más embargos. Se suman laburos hasta que las 24 horas del día se transforman en un límite natural, para seguir asumiendo responsabilidades por monedas y se suman deudas hasta que no podés cumplir en tiempo y forma con las cuotas o pasás a ser incobrable en todas las modalidades posibles.

Caputo es un cínico irrecuperable, que puede decir que una offshore es lo más parecido a una caja fuerte o recomendar comprar pilcha en el exterior, para ahorrar unos pesos. El ministro que ve al país como una mesa de dinero, choca inexorablemente con aquello de la única verdad es la realidad, verdad que para colmo de males, no tiene remedio.
Y en esto de la morosidad de las familias, nosotros no debemos nada, ya está todo pago y ustedes nos deben demasiado…