No se quieren bajar del barco, necesitan tirar a uno para ver si se salvan todos

Salvo que la Real Academia Española haya cambiado el significado de la palabra «empresario», por ahora sigue siendo quien «gestiona los medios de producción a través del diseño de objetivos estratégicos, para obtener un rendimiento económico». Cuando por estas horas se habla de grandes referentes del comercio y la producción en la Argentina, exigiéndole al presidente vía Caputo, el final de Adorni en el gobierno para salvar el modelo, ¿a qué se refieren?
Si bancan continuar en la misma dirección de los últimos dos años y medio, entonces hablan de cuidar especulación financiera, recesión, industricidio, desempleo, reforma laboral, deuda externa, fuga y por supuesto, también corrupción.
Hasta ahora este plan de negocios para el bienestar del 20% de la población, fue muy efectivo para terminar con la economía real e instalar como parte de una especie en vías de extinción en la Argentina, a cualquier empresario que fabrique para vender o venda lo que otro fabrica.

El enriquecimiento ilícito de Adorni como cualquiera de las otras caras de la corrupción libertaria, nunca fue un obstáculo para sostener el modelo de destrucción de la economía real. Libra no frenó el proyecto de economía virreinal, tampoco ANDIS, ni la narcopolítica de Espert, ni la guita afanada por Reidel en Nucleoléctrica, ni los contratos de las empresas de los Menem con el Estado, ni los 111 millones de pesos que la mujer de Sturzenegger cobra de Cancillería por enseñar inglés, ni los créditos hipotecarios que manotearon del Nación o declarse culpables fiscales.

Nacen como hogos por estos días, los políticos que ayer le votaron todo, empezando por DNU 70 y Ley Bases y que ahora reclaman «manos limpias». Aparecen pidiendo justicia, hasta algunos de los héroes del asado en Olivos para festejar la pobreza de los jubilados y por supuesto, también piden terminar con Adorni, los gobernadores que entregaron a sus pueblos a cambio de nada; porque peligran sus reelecciones.

Mientras empresarios y políticos piden menos escándalo y más ajuste, la imagen del oficialismo cae estrepitósamente en las encuestas, alcanzado por la mancha de aceite en la que se convirtió el jefe de Gabinete. Quiere decir que en un sector que hasta hace pocas semanas, apoyaba sin chistar el rumbo que los empobreció, ahora no quiere escándalos. No se sentía tan molesta con el resultado ruinoso de los números libertarios, como con el control remoto de la parrilla del jefe de Gabinete.
Milei está sufriendo que en los medios amigos, le pidan la renuncia de Adorni, no para que resucite la línea de producción, se terminen los despidos o renazca el círculo virtuoso que activaba la demanda comercial; sino para que pueda continuar sin obstáculos esta restauración conservadora que sigue fabricado privilegios.

Hasta se habla de una fractura en el núcleo duro de Comodoro Py, entre los viejos custodios de la impunidad y los que intentan recuperar de manera selectiva, un cachito de memoria jurídica. La discusión en los tribunales, pasa por seguir fingiendo demencia o instalar que no se puede seguir adelante pagando tan caro las facturas de un Gobierno que entendió a la corrupción, como el fruto de un plan sistemático y no como una excepción a la regla.

Ni los empresarios, ni los políticos, ni el votante libertario, ni los operadores mediáticos, ni los jueces, están arrepentidos. Nadie se quiere bajar del barco, solo quieren tirar a uno para ver si con ese sacrificio, se salvan todos.