Los tres ídolos de Milei: Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Charles De Gaulle

La última gran función fue en 1998, cuando Thatcher peleó por la libertad de Pinochet en Londres, detenido por orden del juez español Baltasar Garzón. Ya conocía al dictador, a quien había visitado cuatro años antes en la capital chilena, para agradecerle los servicios prestados para derrotar a la Argetina en la Guerra del Atlántico Sur.
En aquel tristemente célebre ’98, “La Dama de Hierro” le mandó una carta al diario “The Times”, solicitando a las autoridades inglesas la inmediata liberación del general. En ese mensaje también le agradecía haber salvado «vidas de británicos», en el conflicto.
Cuando el dictador chileno fue liberado y estaba a punto de subir al avión de regreso  Santiago, Thatcher llegó al aeropuerto con una réplica de la bandeja de plata que se acuñó cuando los ingleses derrotaron a la Armada Invencible española en el siglo XVI. La cálida nota de Thatcher a Pinochet decía: «Adjunto esta bandeja en recuerdo de otra victoria contra las pretensiones españolas».

2 de mayo de 1982. El “Belgrano” no era en ese momento un peligro militar para la flota. Regresaba al continente argentino, se encontraba a más de 300 millas de la misma y fuera de la zona de exclusión.
En el hundimiento autorizado por Margaret Thatcher, murieron 323 hombres, casi la mitad de la totalidad de las bajas en todo el conflicto. Un crimen de guerra que también envió al fondo del mar, el plan de paz del presidente peruano Belaúnde Terry.
Thatcher se aferró a la guerra para permanecer en el poder, con muchísimo cinismo y demasiada crueldad.

Posiblemente la mejor definición sobre sus “cualidades”, quedaron documentadas en una nota del departamento de personal de la Imperial Chemical, una compañía química que en 1948 rechazó la solicitud de empleo de la entonces Margaret Roberts: «Esta mujer es testaruda, obstinada y peligrosamente terca».

Como Margaret Thatcher ingresó a la política británica como diputada en 1959. Luego de la victoria conservadora en las legislativas de 1970, fue nombrada secretaria de Estado de Educación y Ciencia. En febrero del ‘75, fue nombrada titular del Partido Conservador.

El 3 de mayo de 1979, la derecha derrotó a los laboristas en las elecciones legislativas del Reino Unido y por primera vez en la historia de Inglaterra, una mujer se transformó en jefa de Gobierno. Thatcher se consagró primera ministra a los 54, de la mano de un sector que se opuso sistemáticamente al voto femenino durante décadas, pero que la aceptaba por ser mucho más machista y patriarcal que muchos hombres del partido: “¿Qué han hecho los movimientos de liberación de la mujer por mí? Algunas mujeres nos habíamos liberado antes de que a ellas se les hubiera ocurrido pensar en ello”.

Llegó al poder montada sobre la crisis de empleo, que creció en el invierno 1978-1979; período bautizado como el “Invierno del descontento”. Convenció a millones de trabajadores de votar en contra de sus propios intereses, de la mano del slogan “No hay alternativa”.

Gracias a la victoria en Malvinas, la “Dama de hierro” sobrevivió 11 años, por encima de la impopularidad de sus medidas, eludiendo el daño social que implicaron ajustes inéditos sobre las áreas destinadas a la contención de los más vulnerables.

Desarrolló un plan de “ahorro” basado en profundos recortes económicos-sociales, flexibilización laboral y privatizaciones. Fue la gran responsable de la destrucción del “bienestar”, a través de medidas de extrema crueldad, en las que el Estado siempre era el problema y el mercado la solución.

Muy fuerte ante los más débiles y durísima con asalariados, pobres y marginados; abanderada de un neoliberalismo que buscaba dar lecciones planetarias desde Londres. Antieuropea, pero fundamentalmente enemiga de Alemania.

En 1985, enfrentó a Isabel II oponiéndose a imponer sanciones al régimen racista del apartheid sudafricano.

Junto a Reagan conformaron la sociedad perfecta para llevar adelante una profunda restauración conservadora anticomunista para terminar con la Unión Soviética, e iniciar la era unipolar de predominio universal del capitalismo.

La alianza fue tan personal, como política. Margaret Thatcher y Ronald Reagan formaron el dúo que revitalizó a la fase caníbal del capitalismo y rejuveneció la eterna cooperación estratégica entre Estados Unidos y el Reino Unido. Coincidieron en una agenda de reducción del gasto social y le entregaron todo el poder a las corporaciones.

1981 fue un año políticamente muy difícil, para la intransigencia del “thatcherismo”, que con ese manual de estilo blindado bajo el brazo, se encargó de profundizar conflictos que acumulaban siglos. El 1 de marzo, los detenidos del IRA decidieron iniciar una huelga de hambre. La protesta pasó a la historia como la lucha por las “Cinco demandas”: derecho a no vestir uniformes presidiarios; derecho a no realizar trabajo en prisión; derecho a la libre asociación con otros presos y a la organización de actividades educativas y recreativas; derecho a una visita, carta y paquete por semana y plena restitución de la remisión perdida durante la protesta. Los prisioneros del imperio británico buscaban ser reconocidos como presos políticos.
Más de 30 muertos, producto de la huelga de hambre de dirigentes del IRA y enfrentamientos en las calles.

A principios de 1982, la imagen positiva de Thatcher apenas superaba el 30%. Al año siguiente, a pesar de haber logrado los peores datos en materia de empleo de la última década, pero fundamentalmente por haber ganado la guerra, consiguió un segundo mandato. La reparación del orgullo del viejo león imperial terminó por imponerse al bolsillo, al desempleo y a la incertidumbre que ofrecía un neoliberalismo mesiánico.

El 22 de noviembre se presentó en el Palacio de Buckingham y le informó su decisión a Isabel II. Su última pelea, fue no reemplazar a la libra por el euro.

El final llegó cuando estableció el “polltax”, un impuesto que rigió primero en Escocia (1989) y luego en Inglaterra y Gales (1990). Todos pagaban la misma tasa, sin importar su ingreso. Para Margaret Thatcher, los impuestos progresivos constituían una discriminación a favor de los pobres…

Murió el 8 de abril de 2013, a los 87 años. Su funeral se convirtió en la última batalla personal de la Guerra de Malvinas. Londres informó que Cristina Fernández de Kirchner, no fue invitada a la ceremonia en la catedral de San Pablo de Londres, el 17 de abril. La familia de Thatcher había vetado la asistencia al funeral de funcionarios argentinos. No obstante, el primer ministro David Cameron pidió la presencia de la embajadora Alicia Castro, siguiendo el protocolo que marca que deben ser invitados los representantes de todos los países con los que el Reino Unido mantiene relaciones diplomáticas…

El neoliberalismo bajó a América del Sur, cuando Milton Friedman encontró en el golpe de Estado que terminó con el gobierno y la vida de Salvador Allende, las condiciones indispensables para radicar por un rato largo, la teoría económica que amasó desde finales de los ’60 en la Universidad de Chicago.

El verdugo de la industria nacional latinoamericana, sentenció que el pleno empleo y el consumo popular, eran los supremos aceleradores de la inflación. Al padre de las privatizaciones, al gran fundamentalista del monetarismo y el libre mercado; le sobraban centenares de millones de habitantes, relacionados directa o indirectamente con el trabajo manufacturero.

Asesor de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, Friedman depositó en ellos la responsabilidad de sostener la supremacía occidental durante dos décadas.