El 30 de julio de 1976, Patricia tenía 16 años. Fue secuestrada, cuando era delegada de su curso en el Colegio Industrial Superior de la capital santafesina. Su torturador y violador, fue Eduardo Alberto Ramos Campagnolo. Cuando las leyes de perdón de la democracia, comenzaron a garantizarle impunidad a los victimarios, Ramos, una de las grandes referencias del terrorismo de Estado en la provincia, comenzó a trabajar en Cultura de la Municipalidad de Santa Fe. Patricia le contó su historia a Horacio Rosatti, quien entre 1995 y 1999 fue titular del Ejecutivo comunal, para que proceda a su destitución. Rosatti lo guardó como su fuerza de choque dentro del municipio y 20 años después, buscó regalarle desde la Corte Suprema, nuevos privilegios a través del 2 x 1.

