21 de enero de 2023 – Historia uno. En todas las conferencias de prensa, pero con más puntualidad desde que la Academia le colgó el título de Premio Nobel de Literatura (1998), José Saramago siempre esperaba una pregunta. Ineludible, implacable… «¿Por qué su obra es pesimista?» Y la respuesta se repetía respetando cada palabra en cada oportunidad: «No soy pesimista, soy muy optimista. Lo que sucede es que la realidad es pésima y yo no tengo la culpa”.
Historia dos. Debate televisivo, en un 2000 que presagiaba un desenlace complejo. Cristina Fernández y David Viñas, coparon el centro de la escena y tomaron la representación de políticos e intelectuales. Viñas: «Su optimismo, me desborda». Cristina: «Tengo la obligación de ser optimista». Viñas: «Y yo tengo la obligación de ser pesimista». Cristina: «Quiero cambiar las cosas y pienso que lo voy a poder hacer y si pienso que no lo puedo hacer, me tengo que quedar en casa o dedicarme a otra cosa»…

