El 7 de octubre de 1989, Menem firmó la primera tanda del perdón presidencial a genocidas de la última dictadura y la democracia niña, apenas seis años, sintió que la rápida muerte de la inocencia. Cuatro decretos de indulto, apenas a cuatro meses de llegar a la Rosada.
La Ley de Autoamnistía que habían soñado los militares, en el fin de la última dictadura, empezaba a convertirse en realidad.
El presidente benefició a 200 jefes militares que no estaban amparados en el Punto Final y la Obediencia Debida, como Luciano Benjamín Menéndez. También fue beneficiada la Junta Militar encabezada por Leopoldo Galtieri, en relación a la condena por la conducción de la Guerra de Malvinas y a todos los carapintadas de los tres alzamientos contra Raúl Alfonsín.
La única excepción fue el exgeneral de división Guillermo Suárez Mason, que había sido extraditado de los Estados Unidos.
Los debates jurídicos que comenzaron, porque el indulto se imparte a procesados, no a condenados; murió rapidamente.
El 28 de diciembre de 1990 y con el cínicoargumento de terminar pacificar el país, Menem indultó a los comandantes condenados en el histórico juicio de 1985.
Memoria, verdad y justicia, pusieron las cosas en su lugar. En 2004 cayeron todas las leyes de perdón y dos años después, llegaron las primeras condenas.
Carlos Menem. Primero negando cualquier tipo de amnistía para los genocidas, en el marco de la campaña electoral del 89 y luego anunciando la primeros indultos.
Imagen de portada: Tapa de «Clarín» del domingo 8 de octubre de 1989.

