El último programa de VISION NACIONAL en RADIO NACIONAL, salió al aire el 27 de diciembre de 2015. Los editoriales de cada domingo, continuaron a través de redes sociales.
La amenaza de Prat Gay, fue muy clara. La extorsión del ministro, no necesitó traductores, ni intérpretes. La “impunidad mediática” de la que goza, sigue ampliando sus límites y esta vez, el escudo protector de la prensa amiga, lo eximió de todos los eufemismos que utilizó hasta el cansancio desde el 10 de diciembre.
Nadie pregunta, ningún micrófono incomoda y muy pocos rompen el silencio cómplice desde sus páginas. Los que antes querían preguntar, hoy derrochan optimismo y parece que tienen todas las respuestas.
El funcionario ya no precisó disfrazar ninguna palabra, algo que hasta ahora había sido imprescindible, para poder alivianar la carga negativa de los mensajes que en menos de un mes, metieron la mano en los bolsillos asalariados.
En su última declaración, el ex hombre del JP Morgan no tuvo que citar “sinceramiento”, para eludir gritar “devaluación” y no fue necesario hablar de “corrección de precios”, para esconder “remarcaciones” y “tarifazos”. Tampoco tuvo que minimizar el impacto de casi el 250% que tendrán las tarifas energéticas, comparando las próximas boletas, con el valor de un par de pizzas o dos viajes en taxi.
Para que no queden dudas, la palabra del ministro de Hacienda bajó de su despacho tan rápida, como furiosa; intentando un mano a mano a la distancia con todos los dirigentes gremiales. Con gordos, tibios y combativos…, quién quiera oir, que oiga…
El nuevo dueño de la economía nacional, el hombre que desplazó a un segundo plano las decisiones presidenciales y por lo tanto a la política, desnudó las características que imagina para las paritarias 2016: “Cada sindicato sabrá dónde le aprieta el zapato y hasta qué punto puede arriesgar salarios, a cambio de empleos”.
Cuando el ministro dice, los que quieran seguir trabajando, van tener que bancarse la reducción de los sueldos, está recogiendo un viejo planteo de Macri, “Hay que bajar los costos. Y los salarios, son un costo más”.
En estas declaraciones “no casuales”, Prat Gay tiró entre líneas, las dos opciones que en materia salarial, integran el menú oficialista.
Plan A: Disciplinar al movimiento obrero, en el primer partido por los puntos. Si hay paritarias, que no se noten demasiado. Gobierno y aliados, necesitan que el porcentaje de aumento salarial, sea equivalente o menor a la inflación fantasma; índice que Todesca clausuró hasta nuevo aviso. “Emergencia estadística”, le dicen a silenciar tácticamente los números más crudos, justo cuando había que calificar con un aplazo, a los meses que sufrieron un duro aumento del costo de vida; fruto de la devaluación más anunciada de la historia de la economía planetaria.
No hay números oficiales, no hay cifras privadas, porque las consultoras también se disciplinaron por orden de la Rosada y se guardaron hasta nuevo aviso.
Plan B: Si las discusiones entran en un cuello de botella, porque unos piden lo que otros no están dispuestos a pagar o porque algunos quieren aumentar migajas y los trabajadores no quieren retroceder; el gobierno buscaría cajonear las paritarias hasta nuevo aviso y recurrirá al “Pacto Social”. Como es su costumbre, anunciaría la “Emergencia paritaria” con una sonrisa y hablaría del pacto, como de los beneficios que brindó el Arca de Noé ante el diluvio universal. Los encuentros ya tienen fecha y se llevarán a cabo desde mediados de enero.
A esta altura del partido, el planteo de Prat Gay es una falsa opción: ¿Pérdida del trabajo o reducción del poder adquisitivo? ¿Qué prefieren?
El Gobierno sueña con una cifra única, con descomprimir la puja distributiva y alejar cualquier rebrote inflacionario, de aquellos que sueñen con recuperar lo perdido en paritarias a través de otra remarcación.
Cuando Luis Espert habló en campaña de paritarias fascistas, lo hizo repudiando el rol del Estado como árbitro natural y necesario, para equilibrar una pulseada históricamente tan despareja. El quería “ley de la selva”, para retroceder 70 años, terminar con los derechos y entronizar los privilegios del capital.
Esta será la nueva ofrenda de Cambiemos, para los dueños de los dólares (que ahora valen 40% más), los dueños de las cosechas (que ya no pagan retenciones) y los dueños de autos de alta gama (que tributarán menos).
Bienvenidos a la paz de los cementerios, que propone la teoría del derrame. Inflación por el piso, producto de la baja del consumo. Enfriamiento de la economía, hasta congelar los sueño más chiquitos de cualquier célula familiar.
Siempre el rol del salario, es la frontera donde se dividen los dos modelos: país soberano o colonia próspera. Entre 2003 y 2015, los sueldos fueron la locomotora del círculo virtuoso de la economía argentina. Si sumamos 6,5 millones de puestos nuevos de trabajo, 3 millones de jubilaciones y cerca de 2 millones de asistidos por distintos planes sociales; el kirchnerismo lanzó más de 11 millones de habitantes al consumo. Generó demanda comercial, la que a su vez instaló aumento sostenido de la producción industrial.
El modelo neoliberal, apuesta a la exportación de materias primas y la importación de productos elaborados. Por lo tanto, decreta la muerte de las Pymes o sea, de la industria responsable del 70% de la mano de obra argentina. Sin trabajo o con reducción salarial, la demanda se estanca. No vende el comercio y deja de producir la industria.
Entramos en una recesión planificada.
Un recuerdo del primer peronismo y un fuerte dato simbólico del pasado reciente, van de la mano. El Colorado Ramos decía que el antiperonismo de Barrio Norte, nació cuando las mujeres de la oligarquía se dieron cuenta que compartían la misma peluquería con sus “sirvientas”.
Casualmente la última paritaria que instaló el kirchnerismo, fue la del personal doméstico, cuidadores no terapéuticos y caseros. El primer acuerdo, fue el de septiembre pasado.
Y eso, no te lo perdonan…

