Utilizando a la traición política como intermediaria, las corporaciones saquearon a la Argentina entre 1989 y 2001, sin necesidad de tanques en las calles, ni marchas militares encabezando cadenas nacionales. Menemismo y Alianza profundizaron el manual de estilo que había dejado Martínez de Hoz y a la Biblia neoliberal de la última dictadura, Domingo Cavallo incorporó las correcciones necesarias para que plata dulce y patria financiera perduraran una década. Se cuadruplicó el endeudamiento externo y el neoliberalismo local ofreció como sacrificio a los centros financieros de poder, el patrimonio del Estado a través de las privatizaciones.
«El neoliberalismo mata» (Primera parte)
«El neoliberalismo mata» (Segunda parte)
En las elecciones del 14 de octubre de 2001, las urnas terminaron con De la Rúa. Los medios hablan del “voto bronca”, para resumir como el oficialismo en dos años perdió más de 5 millones de votos (casi 8,8 millones en el ’99 y poco más de 3,3 millones en 2001). Los números hablaron: 23% de voto en blanco.
La corrida cambiaria del 30 de noviembre, fue el principio del fin. Al día siguiente solo se podían extraer 250 pesos semanales de efectivo. Solo en 2001 se habían fugado casi 20 mil millones de dólares y la recesión sumaba su tercer año consecutivo.
El 5 de diciembre el FMI comunicó que no girará los 1.260 millones de dólares prometidos y días más tarde, el Banco Mundial suspendió un crédito de 650 millones de verdes. La administración De la Rúa, era por entonces un Gobierno, “abandonado por sus propios dueños”.
El 13 paro general y al otro día comenzaron los saqueos. El 16 las cacerolas empezaron a sonar en la Capital.

