Editorial (Lunes 17 de febrero), en LA MAÑANA

MILEI LA NUEVA ESTAFA NEOLIBERAL: Hablemos con el diccionario neoliberal, bajo el brazo: Un emprendimiento privado con sueños millonarios, utilizó como siempre al Estado para ampliar sus ganancias y terminó armando una trampa para un número importantísimo de timberos que salieron a comprar. Hay que aclarar que en esta oportunidad, fueron muy originales. De todas las formas conocidas de aprovechamiento de lo público para beneficio de unos pocos, buscar para su PNT a un presidente de la Nación, es algo inédito.
Dicen que detrás del presidente, hubo tres titiriteros y que por razones obvias, no puede ordenar que mueran políticamente en la guillotina: Karina Milei, Agustín Laje y Demian Reidel.

Como si fuera el garante de un aviso de mayonesa, en las redes apareció el mejor amigo del mercado. No todos los días un proyecto de esta naturaleza, cuenta como partícipe necesario con un «experto en crecimiento con o sin dinero», con uno de los dos políticos más relevantes del planeta, con un candidato al «Nobel de Economía» y con un colaborador directo de Trump, en el crecimiento de Estados Unidos.
Milei cometió desde el sillón de Rivadavia, uno de los actos de corrupción más grandes de la historia política argentina. Fue el influencer de una operación, que habitualmente se hacen al 70/30, 60/40 o 50/50, depende las utilidades que la cara del modelo publicitario genere.
Y ahora hay que investigar, si algún funcionario compró criptomonedas, sabiendo que Milei iba a aparecer en escena para multiplicar los panes.
El mensaje presidencial, estuvo publicado tres horas y en ese lapso más que prudencial, estafó a mucha «gente de bien»; mientras el Gobierno se calló la boca y Matín Menem, Lemoine, el Gordon Dan y Espert, retuitearon la supuesta veracidad del negocio.
Haganse cargo de Mauricio Novelli, Hayden Davis, Julián Peh y Manuel Terrones Godoy.
Qué alguien recoja la denuncia de Charles Hoskinson, cofundador de de dos criptomonedas: «Me pidieron una coima para entrevistarme con Milei, porque así podían suceder cosas mágicas».
Qué alguien diga si la hermana del presidente, vendía o no audiencias en la Rosada por dos mil dólares…
Un gran agravante, aparece en medio de esta historia repugnante. Antes de juntarse con los padres de la criatura a mediados de octubre pasado, el 7 de ese mismo mes, el Gobierno nacional a través de la Comisión Nacional de Valores, creó un nuevo régimen especial para que los jóvenes a partir de los 13 años, puedan acceder al mercado de capitales; o sea que entre otras operaciones, puedan comprar criptomonedas…
Hay que subrayar antes de seguir, que esta estafa a unos cuantos que ahora van a empeñar el Rolex para cubrir el disgusto, aparece después de 14 meses estafando al pueblo argentino; fundamentalmente a trabajadores, jubilados y expulsados del sistema a la marginalidad. Porque mucho antes de ser vendedor de criptomonedas falsas, fue vendepatria, hambreador, represor, homofóbico, misógino y cipayo. Causales de juicio político antes del «Libra-gate», existieron demasiadas.
Lo del viernes pasado fue un capítulo más de la «Patria financiera» de Martínez de Hoz, una resaca nueva de la vieja Ley de Entidades Financieras, que nació para convertir al país en una mesa de dinero. Un terremoto que sufrió el sueño tilingo de vivir sin laburar; de rezarle a la renta financiera, en lugar de pensar en la industria nacional. En los ’70 eran dólares, plazos fijos y oro mexicano. Ahora, la bicileta de Caputo y las cripto del presidente. Pero casi 50 años después, el lmperio está en decadencia y amenaza con terminar con un par de generaciones de neoliberales, mucho más temprano que tarde.
La crisis de 2008, cuando la quiebra del Lehman Brothers hizo estallar una burbuja especulativa gigante, fue el primer aviso del final. Desde ese día, la economía mundial nunca fue la misma.
Al estallar el sistema financiero que impusieron Estados Unidos y Gran Bretaña en los ‘80, las víctimas tenían tan lejos a dos de los grandes culpables (Reagan muerto y Thatcher retirada), que casi nadie los sumó a la lista de responsables. El resultado de la “guerra santa” contra el Estado, paradójicamente terminó con las naciones aportando lo necesario para salvar a los bancos.
George W. Bush utilizó un paquete de rescate de 700.000 millones de dólares, que aprobó el Congreso, quizás en la medida más “socialista” de la historia del capitalismo.

Esta trama perversa llegó a América latina el 11 de setiembre de 1973, cuando el golpe de Pinochet terminó con Salvador Allende y Milton Friedman vino a planificar la miseria en el sur.

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