«Júblilo, cultura y una demostración de civismo. Los festejos por la obtención de la Copa del Mundo, tuvieron eco Multitudinario en todo el país», destaca el diario en el epígrafe de la foto que muestra cómo se vivió la obtención del título en el centro porteño. Olvida 500 centros de detención, tortura y muerte, conviviendo con el torneo. Olvida a miles de desaparecidos. Olvida que se jugó en dictadura y pleno estado de sitio, sin libertades, sin derechos, ni garantías.
El diario habla de una «jubilosa coincidencia nacional» y a la hora de preguntarse el por qué, lanza una pregunta que a su vez responde: La multitud se lanzó a la calle, «¿al comprobar que se había sido capaz de asumir la responsabilidad a primer nivel internacional?».
Afirma uno de los socios de la dictadura en Papel Prensa, que fue «una chispa detonante en la necesidad de expresar al mundo la unidad de los argentinos, por encima de todo factor político».
Habla de un torneo presidido por «la cordura, generosidad, cortesía en plena disputa», de la mano de «una celebración ruidosa, pero sin afrenta y respetuo mutuo, mostrando al mundo que los argentinos forman un pueblo indisoluble, en el que es lógico y natural disentir, pero en el que nadie puede logra desunir».
Cierra pintando un país imaginario: «Fue un hecho único, sin precedentes, que los sociólogos definen como un espectro ampl{isimo, que abarca desde el chico que vende banderas, hasta el ciudadano más acaudalado, actuando todos de la misma manera, compartiendo valores sin convocatoria expresa, en total coincidencia y mostrándo así, una sociedad pluralista e integrada que festeja de una forma nueva. ¡Porque fue una fiesta nacional nueva! ¡Y solidaria!


