«No vamos a permitir que un organismo internacional intervenga en nuestra soberanía», fue el argumento expresado por el Gobierno para abandonar la Organización Mundial de la Salud. La Libertad Avanza, señaló que ahora el país tendrá «más flexibilidad» para adoptar las política que elija, sin la necesidad de pedirle permiso a nadie. Por lo tanto, los libertarios plantearon que para sostener la independencia, habría que dejar de recibir órdenes de todos los organismos que secuestren nuestra autonomía.
Siguiendo esta lógica primaria, seguramente Adorni va a anunciar en breve, que nos vamos del Fondo Monetario Internacional, por aquello tan simple y tan profundo, de «no vamos a permitir que un organismo internacional intervenga en nuestra soberanía».
Cuando Milei dijo sobre la OMS, «hemos decidido salir de un organismo tan nefasto, que fue el brazo ejecutor del mayor experimento de control social de la historia», seguramente estaba hablando del Fondo Monetario Internacional.
El FMI nació en julio de 1944, como resultado de los acuerdos de Bretton Woods. Era necesario crear un organismo de control, que garantizara la estabilidad del sistema monetario internacional después de la Segunda Guerra Mundial. Con el cambio del patrón oro por el dólar, EE.UU. fue el encargado de impartir las órdenes en soledad, para todos los países que el norte calificó como subalternos: no industria nacional, no ciencia y tecnología, achique, ajuste y deuda externa.
Pero la Argentina de Perón, la de la independencia económica, el desendeudamiento y la industrialización, fue el único Estado de América latina que no ingresó al Fondo entre 1946 y 1955.
Las bombas del “Cristo vence” cayeron sobre el modelo de país y abrieron las puertas del golpe de Estado de septiembre, para que Argentina entrara al Fondo Monetario Internacional en 1956 de la mano de la dictadura que se autopercibía «Revolución libertadora».
Y en 1957, llegó el primer préstamo.
«¿Querés que me baje los pantalones?, me los bajo», le dijo Bernardo Grinspun a un emisario del Fondo en 1984. Y para que las cosas quedaran bien claras, el Ruso se los bajó… Para ese «reformismo controlado», que en materia económica planteaba el radicalismo a principios de los 80, aquel ministro de Economía era demasiado.
Grispun renunció después de 15 meses y monedas. A partir de ese día (18 de febrero de 1985), el modelo de país quedó congelado casi dos décadas.
El «poder real» fue por más, 45 años después de la fundación del Fondo, cuando redactó el “Consenso de Washington” en 1989. Un supuesto comité de expertos, armó el nuevo catálogo de órdenes del capital concentrado para el mundo subdesarrollado, coordinado por el FMI.
A partir de ese momento, por cada dólar que el organismo le prestó a la Argentina, aumentaron considerablemente las condiciones políticas y sociales, para firmar cada stand by con el memenismo de las «relaciones carnales». Pidieron privatizaciones, flexibilidad laboral, importaciones, industricidio, desregulación total de la economía, reforma previsional… y nos bancaron la convertibilidad. Otros sometimientos se aceptaron como parte de la letra chica del acuerdo: no reclamar soberanía por Malvinas, participar de la Guerra del Golfo y ser aliado extra continental de la OTAN.
En enero de 2006, Néstor Kirchner dejó en 0 todos los préstamos que por 9.500 millones de dólares, tomaron desde Aramburu a Duhalde y se liberó de las órdenes imperiales que nos habían condenado al subsuelo del planeta. El regreso de la independencia económica, junto con la reestructuración de deuda de casi el 70% y el No al Alca, fue demasiada soberanía junta…
A partir del acuerdo con el Fondo de septiembre de 2018, en la Argentina de Macri asumió la conducción de la Rosada, el que nadie votó. Por orden de Trump, el organismo le dio un crédito político al neoliberalismo nacional, violando la claridad de su propia carta orgánica. 54 mil millones de dólares, el préstamo más grande de la historia del Fondo, el 61% de toda la plata que tiene girando por el mundo, apenas para pagar los intereses de la bicicleta financiera y fugar el resto. Volvieron a darnos órdenes, a monitorearnos, a controlarnos… A transformarnos en una colonia oficial.
Entre otras medallas inolvidables, el FMI fue golpista cuando por pedido de Martínez de Hoz, le negó a la democracia un crédito ya acordado para el gobierno de Isabel y se lo dio a la dictadura 48 horas después del golpe. También ayudó al fin anticipado de Alfonsín, cuando por pedido de Cavallo, lo ahogó negándole un crédito ya aprobabo.
Seguramente Milei hará memoria y entonces ampliando nuestro sueño de libertad, adoptará más medidas que nos liberarán del yugo de los organismos internacionales. Mañana o pasado a más tardar, Adorni anunciará que le declaramos la guerra al Fondo.
Pegar un portazo en la OMS como el hijo no reconocido de Trump, no solo es un error mayúsculo, opera además como una nueva polémica fabricada por el Gobierno, para malgastar unos cuantos días de medios de comunicación. Porque aunque parezca mentira, el pretendido Premio Nobel, hace un rato largo no puede hablar de los resultados de su experimento en la economía argentina.
Y a partir del discurso de Davos, regresó recargado el panelista de televisión que en realidad, nunca dejó de ser para instalar la única fábrica que trabaja en la Argentina: la de humo… (Editorial de Gustavo Campana, en CAMPANA750 por AM750).
LIBERTARIOS CONTRA LA ORGANIZACION MUNDIAL DE LA SALUD
Primer impacto. Sin la cooperación de la OMS, Argentina perderá apoyo en programas claves relacionados con salud mental, materno infantil y vacunación.
Milei celebró la medida en sus redes sociales y responsabilizó a la OMS de ser «ideólogos de la cuarentena cavernícola». Según La Libertad Avanza, la decisión le dará al país “más flexibilidad para adoptar políticas” en materia de salud, una capacidad que en rigor nunca perdió por pertenecer a esa organización.
Milei apuntó en X, que el organismo internacional fue uno de los «ideólogos de la cuarentena cavernícola» durante la pandemia de coronavirus, medida que consideró como «delito de lesa humanidad. Por eso hemos decidido salir de un organismo tan nefasto y que fue el brazo ejecutor de lo que fue el mayor experimento de control social de la historia».
Manuel Adorni, vocero presidencial: “No vamos a permitir que un organismo internacional intervenga en nuestra soberanía, mucho menos en nuestra salud”, dijo sin aclarar que la OMS no interviene en las políticas de sus estados miembros sino que, en todo caso, hace recomendaciones que quedan a criterio de los gobiernos de turno.

