«Cada vez que Estados Unidos salva a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o en un cementerio», Eduardo Galeano.
La Casa Blanca a través de la invasión prometida, le contó al mundo su decisión de controlar la principal reserva petrolera del planeta. La defensa de cualquier otra excusa, solo puede ampararse en la cínica complicidad de los actores de reparto del organigrama del poder real y en la lejanía, cada vez más profunda, de millones de seres humanos de a pie con la verdad. Pero por encima de la convivencia de los que saben y la funcionalidad de la ignorancia, ningún análisis despojado de estas dos cualidades, será certero si al final de cada oración no se incluye la palabra petróleo. Trump no habló de «urnas limpias», solo mencionó a petroleras estadounidenses controlando el oro negro.
El discurso ridículo de la administración republicana, lo lidera la acusación de narco sobre Maduro y casualmente, su secuestro y traslado a una prisión federal en Nueva York, se produjo justo a un mes del indulto presidencial a Juan Orlando Hernández, el expresidente de Honduras que cumplía una pena de 45 años de cárcel en Estados Unidos por narcotráfico. El mismo Hernández que utilizaba los aviones de Fred Machado.
El principal país consumidor de drogas del mundo, el que hace gala de una DEA inoperante o parte del problema, esgrime un discurso que solo con las muertes anuales que multiplica el fentanilo, desnudan que nunca tuvieron una política destinada a combatir a narcos. Para ser el primer demandante de drogas del planeta, hay que negociar con los que realmente manejan la oferta.
La historia grita que las ocupaciones militares estadounidenses, nunca persiguieron otro fin que quedarse con las riquezas naturales de los distintos puntos del planeta donde estaban los recursos que necesitó su urgencia. Y casi siempre, se trató de petróleo.
La necesidad de hablar con la palabra justa y el tono adecuado, obliga a calificar esta acción de guerra como terrorismo de Estado, porque otra definición sobre lo sucedido, es una pintura absurda que trata de convertir a un país en la policía del mundo, para que nadie en su órbita se sienta Nación.
Aunque a esta altura del partido suene demasiado infantil, hablar sobre el inexistente derecho internacional y el devaluadísimo rol que juegan la ONU y la OEA; hay que destacar que estos tres cadáveres que volaron en mil pedazos. Las bombas cayeron sobre el imprescindible diálogo multilateral y reinstalaron la ley del más fuerte, a través de un discurso medieval.
Por ahora, la reacción de los presidentes americanos, lejanos a las órdenes imperiales, es tibia, casi atemorizada por la posibilidad de ser el nuevo blanco. No alcanza con documentos, ni con redes sociales, cuando fue bombardeada una capital del continente. La historia en pleno desarrollo, interpela.
El segundo dato ineludible para los que abrazamos un modelo de país enfrentando al proyecto colonial, es que los misiles de Estados Unidos cayeron sobre la Patria Grande. La orden que activó el ataque terrorista en plena madrugada sobre Venezuela, llevó la firma de un presidente que opera en todos los frentes, como una amenaza concreta para la paz mundial. Trump terminó con América latina como territorio de paz y metió al continente en el ojo de la tormenta ajena.
A partir del 3 de enero de 2026, América del Sur está controlada militarmente de punta a punta, por Estados Unidos en Venezuela y la base británica en Malvinas.
Desde la caída de Arbenz en Honduras hasta las bombas sobre Venezuela, pasando por Batista, Somoza, Bahía de los Cochinos, la destitución de Goulart en Brasil, la invasión a Dominicana, las dictaduras setentistas, la intervención en Centroamérica de Reagan, el Plan Cóndor, la deuda externa latinoamericana, los golpes blandos del XXI, el destierro de Correa y la cárcel para Lula y Cristina; siempre West Point, la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca.
El tercer item, es la derrota de Estados Unidos frente a China en la carrera tecnológica, lo que provocó su traumático descenso en el podio de la supremacía comercial. La guerra desigual frente al «capitalismo rojo» llevó a Washington a proyectar capturar recursos y mercados a punto de pistola o lograrlos cambiando con dólares el destino de una elección para salvar a un gobierno quebrado, pero extremadamente servil como el de Argentina.
El emperador de Estados Unidos, asumió a través de los hechos, lo que expresó su acción bélica en Sudamérica sin autorización del Congreso: ser una especie de monarca de América latina, con la suma del poder público en sus manos. Se encuadró definitivamente en ese rol, cuando sentenció que administrará Venezuela mientras «se concrete la transición».
La versión contemporánea de la Doctrina Monroe, inició un camino que promete seguir recorriendo por Colombia y México. El ataque a Caracas y el secuestro de Maduro y su esposa, desnudaron cómo será a partir de ahora la política exterior del gobierno republicano; que lidera el hombre que impulsó el intento de golpe de Estado de enero de 2021.
Trump proyecta acumulación de poder a través de invasiones militares que invocan justicia o sumisiones políticas, para lograr un grado mayúsculo de dependencia con Washington. El sheriff de Occidente, planificó un conflicto que posiblemente esté abriendo las puertas de acciones militares de consecuencias ilimitadas.
La cuarta necesidad del dueño del Salón Oval, es empardar los 14 puntos de distancia, que los demócratas hoy le sacan al oficialismo, en las encuestas para las elecciones de medio término de noviembre. Y finalmente, el cuarto dato, más personal y doméstico, está vinculado con la aceleración de los tiempos políticos, de la mano de una decisión que cruzó todos los límites; porque Trump necesita frenar por tiempo indeterminado el caso Jeffrey Epstein.
Muchas veces se habló en el último cuarto de siglo de la «decadencia del imperio» y posiblemente esta violencia, sea un gran signo de debilidad; aunque en el mientras tanto, el centro de la escena lo ocupe el dolor y sea imposible ver otra cosa.
El festejo de Milei y compañía, celebrando una invasión al continente que integra el país que gobierna, ensancha la posición de sumisión vergonzosa, que desde hace poco más de dos años, ejerce con orgullo la Argentina libertaria.
El Obelisco y el Planetario, propiedades hace casi 19 años de la derecha argentina, iluminado con los colores venezolanos, pero en realidad con la bandera estadounidense en el corazón. En el centro porteño, una celebración caribeña, a la invasión a su tierra por parte de su «madre patria»…
Mientras Estados Unidos cumple con su plan imperialista, América latina tiene que volver a su destino independentista. Mientras ellos siguen multiplicando conquistadores, nosotros tenemos que volver a parir libertadores para conseguir nuestra segunda emancipación.

