Después de los salvatajes de abril y septiembre, llegaron los dólares de Bessent frenando una corrida cambiaria en Buenos Aires en octubre. Cuando Trump ganó las elecciones de medio término en la Argentina, los libertarios entendieron que se había terminado el tiempo de los gestos y que era necesario generar con su madre patria, un compromiso mucho más fuerte que las palabras.
Y a principios de noviembre, los Milei estuvieron a punto de sellar la ruinosa sociedad geopolítica con EEUU, con una actitud muy similar a la de Menem con Bush en la invasión al Golfo del 91.
El lunes planteamos en Página 12, que hace casi dos meses: «Karina se enfureció con el jefe de la Armada, Carlos Alievi, por no aceptar el pedido del gobierno republicano. ‘La jefa’ ordenó que el Destructor argentino que participaba de la misión Unitas, se trasladara a Puerto Rico para sumarse al esquema militar en el Caribe. No sucedió.
EEUU, Israel y Argentina, después votaron en Naciones Unidas a favor de la tortura; para sellar un pacto de sangre ilimitado. Más tarde, Milei fue la única voz del Mercosur que alentó una invasión norteamericana a Venezuela.
Sorprende que un país sin plata y que no está amenazado por ninguna hipótesis de conflicto bélico, haya comprado los F-16 a Dinamarca minutos antes de pasar a desguace por obsoletos y acto seguido adquiera los blindados Stryker a Washington. Paralelamente, sumó proyectiles de mortero 120 mm y le pidió presupuesto a Francia por submarinos y buques de patrullaje. Licitó servicios de mantenimiento para sus tanques TAM 2C, reparación de vehículos anfibios, compra de camionetas 4×4 militarizadas y repuestos y mantenimiento de helicópteros Super Puma. Finalmente, nombró a un general como ministro de Defensa».
Ayer se encendieron otras tres alarmas. Primero Trump diciendo que realizaron la primera operación terrestre en Venezuela. Luego
Milei en declaraciones a «The Telegraph» inglés, diciendo que «no hay potencias mundiales sin poder militar» y que «ningún país cuenta en el contexto internacional, si no puede defender sus fronteras». Y por último, supimos que el gobierno nacional endeudará más al país, para comprar helicópteros navales livianos, con la urgencia ridícula de «modernizar» a la Armada. El plan de «actualización de capacidades de defensa», se llevará a cabo a través de un préstamos de más de 71 millones de euros, que Milei autorizó por decreto. Dicen que no tendrá impacto macroeconómico relevante; mientras aprobaron un presupuesto restando el indispensable financiamiento que necesitan jubilaciones, programas sociales, universidades y ciencia.
Las preguntas del cierre de la contratapa del lunes, quedaron intactas: «¿Para qué prueba de amor se está armando un país, que mató su economía real, que está a punto de concretar su cuarto industricidio en 49 años y que vive pasando la gorra para pagar deuda externa y capital e intereses de la bicicleta financiera? ¿Milei está acelerando la puesta a punto de ‘La Armada Brancaleone’, para ser la pata sudamericana de una invasión de la Casa Blanca a Venezuela?».
En el siglo XXI, el facismo no es una pieza de museo, es presente. En la Argentina, Milei lo instaló como herramienta de poder narrativo que pasó a la acción en la dosis posible, a través del «protocolo antipiquetes». Pero sin millones de desclazados que fueron construidos antes por los tres procesos neoliberales anteriores, no hubiera sido posible.
Los libertarios se reconocen hijos culturales de EEUU. Son un gobierno de ocupación en su propia tierra. Por lo tanto, para los que no tienen patria ni bandera, invadir Venezuela no demandaría costos políticos; al contrario sería un servicio al amo que los protege.

