Argentina proyecta el 2026, con un presupuesto redactado por su dueño político y su principal acreedor económico. Ese resumen de gastos que no contempla inversiones, solo tiene dos grandes objetivos en el horizonte: ajustar y privatizar para pagar deuda externa y tener resto para abordar capital e intereses; de los que ganaron en la timba financiera de un país convertido en «mesa de dinero».
Por lo tanto, el motivo central de un presupuesto que no apuesta al crecimiento ni un solo artículo y aniquila a la educación y al desarrollo científico, es que la sociedad Milei-Caputo no necesite de un nuevo rescate el próximo año. Una misión imposible.
Girando sobre estos ejes centrales, comienza y termina la segunda mitad del período de libertario. Mientras tanto, esa economía real diagramada exclusivamente para ganadores, se sigue basando en el dólar barato que destruyó a la producción nacional y que hace feliz con vacaciones lejanas y un celular alta gama, al 20% que no puede, ni quiere ver el bosque. Esos números de carne y hueso, olvidados por un presupuesto que habla de una inflación irreal del 10%, un crecimiento de ficción del 5% y un dólar a diciembre del año próximo en 1423 pesos; se van a hacer cargo de este absurdo certificado de defunción de la Nación. Vaca Muerta y minería, no son ni serán jamás pan en la mesa de los argentinos, con una Casa Rosada entreguista y algunas provincias bendecidas por la naturaleza y condenadas por la traición de sus gobernadores.
Mientras el oficialismo sigue publicando las selfis de la última victoria parlamentaria, el peligro de estanflación empieza a ponerse los zapatos. La recesión con inflación, ensaya su debut 2026 con algunos aumentos de precios preocupantes.
La reciente información de los monopolios que manejan todos los productos que forman parte de la vida cotidiana, a las grandes cadenas de venta, posiblemente genere otro retoque ascendente del valor final antes que llegue a la góndola. Desde las grandes marcas de alimentos envasados y bebidas, a higiene personal, pasando por productos de limpieza; ya hablan de incrementos que van del 5 al 2,5% a partir del primer día habil de enero. Listas de Coca Cola, Unilever, La Serenísima, Newsan, Johnson y Pepsi, anuncian que intentarán que el colchón de la crisis sean más aumentos, pero se arriesgarán en un contexto de consumo masivo que no para de caer. Solo en el rubro gaseosas y aguas saborisadas, los datos que cubren hasta noviembre, muestran al sector casi 20 puntos abajo en ventas contra el año pasado. La crisis de los vinos, está 11 puntos negativos con relación al 2024.
El precio de la carne vacuna preocupa, porque duplicó a la inflación minorista en el 2024: 72% contra 31% del Indec.
Y como estos números de la demanda comercial en terapia intensiva, generan despidos industriales directos, la UIA estima que la actividad manufacturera cayó un noviembre, cerca de un 6% en términos interanuales. El consumo de energía eléctrica de los grandes usuarios industriales, uno de los termómetros menos cuestionados por propios y extraños, cayó a fin de año un 5,8%.
En este contexto de negación libertaria al trabajo nacional, al consumo y al crecimiento, el país discutirá en febrero como seguir quitándole derechos a los trabajadores o como institucionalizar la reforma que ya rige en los hechos. Ese desamparo total, buscará empardar los costos de la pérdida para los patrones, que en lugar de reclamar por un plan que active el mercado interno, prefieren ser los verdugos de sus obreros. La variable de ajuste volverán a ser millones de seres humanos, que según el presidente sacó de la pobreza, pero que en realidad, inflaron la indigencia, no a la clase media.
Los reyes de la macro, tienen que pagar el próximo 9 de enero, capital e intereses por dos bonos. La última licitación del gobierno, para captar con nuevos promesas de pago a futuro, parte de ese monto, solo consiguió 910 millones. Seguramente se volverá a activar el swap de Estados Unidos y por ahora, se terminará el trámite. Pero esta Argentina que según el presidente cuenta con la magia del Toto, el elegido mejor ministro de Economía del mundo dos veces, arranca el año el default, aunque el maquillaje no permita que se vean la verdad.
El relato sueña con ganar por puntos la pelea, aún sabiendo que la heladera siempre lo espera con una piña de nocaut a la mandíbula. Cuando quieran recortar para estirar un gobierno sin destino y ya no haya nada que robarle a los pobres; en ese momento llegará la respuesta tardía de los que por ahora gritan en las calles más fuerte un gol que una verdad…

