Los nuevos datos sobre consumo masivo, planchados desde hace dos años, marcan la verdadera estatura de la tragedia; esa dimensión que esconden de manera cada vez más desprolija, el relato de la sociedad Milei-Caputo y los números de Lavagna. Una realidad con mucho de tragedia, porque los porcentajes que gritan la estrepitosa caida de la calidad de vida de los argentinos, indican el descenso en noviembre (contra octubre 2025 y frente a noviembre del 24), de las ventas en supermercados y en segundo lugar en farmacias. Sin capacidad para comer según la mínima demanda familiar o curarse como marca la receta, el argentino que vive de su salario, también demandó menos productos de almacenes y en cuarto lugar de kioscos.
Con relación a los alimentos, siguió desplomándose la compra semanal, ya no existe el stock familiar de mercaderías en la clase media. Paralelamente, se observó el mismo síntoma de fragilidad, en la compra diaria en los comercios de proximidad. Cada vez son menos los tienen resto para hacer una gran adquisición quincenal o mensual y crecieron los que tarjetean su compra mínima, cada 24 o 48 horas en la góndola de cercanía.
La baja más significativa de noviembre, estuvo en los supermercados, a pesar de seguir siendo el reino de las promociones: 7,2% interanual.
El informe de la consultora Scentia, indica que las ventas de las farmacias cayeron casi en el mismo porcentaje que alimentos y bebidas en los súper: 6,9% comparado con el 24 y de esa cifra, el 2,1% corresponde a medicamentos. El descenso más profundo, estuvo en higiene personal y perfumería.
Casi como un destino ineludible, los mayoristas también exhibieron una importante baja del 7,6% frente a noviembre del año pasado.
Durante el primer mes post electoral, el arranque con recuperación económica prometido por los libertarios, se sigue desvaneciendo. Es el resultado obligado de la promesa siempre absurda y cínica de la «teoría del derrame» o de hablar de crecimiento económico de la mano de la minería y la soja. La demanda comercial es, fue y será. proporcional a la fortaleza de los salarios y lo único que el Presidente prepara para los trabajores en el arranque de la segunda mitad de su mandato, es la muerte de los derechos laborales y una inflación amesetada en 2,5%. Número que a partir de indexar el dólar con el IPC, seguramente crecerá muchísimo.
Según la Universidad Torcuato Di Tella, en diciembre cayó el Indice de Confianza del Consumidor y para la Universidad de Palermo, se vino a pique todo el consumo privado, no solo el de artículos de primera necesidad, sino el que abarca a casi todos los ítems de los gastos familiares: servicios públicos, vestimenta, equipamiento del hogar, transporte, comunicación, recreación, educación, restaurantes y bienes y servicios varios.
Para la consultora Focus Market, el 29% asegura que utilizarán el aguinaldo para el pago de deudas, lo que implica 16 puntos porcentuales más que en 2024. Y agrega que se redujo la compra de dólares y opciones de ahorro tradicionales. La compra de verdes para trabajadores registrados, cayó un 12%, no por confianza en Milei, sino por falta de pesos.
Mientras tanto el gobierno siguió aplicando durante noviembre, fuertísimas reducciones a partidas sensibles del Estado. La caída interanual fue del 14,2%, pero en la comparación con noviembre del 23, el recorte asciende al 35,2%.
A las universidades nacionales les giró un 95,5% menos, respecto de noviembre 24 y de casi el 97% con relación al 23.
Los subsidios disminuyeron 26% interanual, mientras que los destinados a transporte descendieron 48%. Y en obras pública, el recorte interanual superó el 32%, pero superior al 84% frente al mismo mes de 2023.
Para hacer caja, eliminó la vacunación de niños y niñas de hasta cinco años, para que las madres cobren el complemento de la AUH en diciembre.
Milei embistió contra la oposición, creyendo que le sobraba crédito político de octubre. Con el presupuesto del ajuste y la muerte de los derechos laborales; creyó que cerraba en el Parlamento, el pacto con el capital hasta 2027 y hasta se empezó a hablar de segundo mandato. Sin embargo, dos meses después del triunfo de Trump en las elecciones argentinas de medio término, la verdad regresó a los gritos. Un gobierno quebrado económicamente, marcha rumbo a su tercer año en la Rosada, solo apuntalado por un relato mentiroso. Sin producción, ni consumo, con desocupación y pobreza y con deuda vieja y nueva, contraida y aumentada, por el mismo ministro del presente.

