26 de mayo de 2003. «Solo tres cosas quieren garantizar de nosotros: materia prima, fuerza de trabajo barata y además, clientes». Un día después de la asunción de Néstor y desde las escalinatas de la Facultad de Derecho, Fidel hablaba del ALCA.
El gran antecedente olvidado de Mar del Plata 2005, fue la marcha anti-Bush que el 19 de noviembre de 2004, protagonizaron 30 mil chilenos. El presidente de los Estados Unidos llegaba a Santiago, para liderar una Cumbre de Países del Pacífico, destinada a fragmentar cualquier intento de unidad continental.
Néstor Kirchner, Mar del Plata noviembre 2005: «El objetivo del neoliberalismo, es reducir o minimizar el rol de los gobiernos, hacer desaparecer al Estado y avanzar en la degradación de la política, debemos pasar a la generación de una nueva estrategia de desarrollo de crecimiento sustentable, con equidad, calidad institucional, ejercicio de la representación, el control y la participación ciudadana.
La equidad es central, promueve el crecimiento y la eficacia, a través de la sustentabilidad política y social, posibilitando un mejor uso de los recursos humanos y ello revierte en viabilidad económica. Para lograr equidad es fundamental la creación de empleo digno».
El rol de Castro fue clave en el armado de la Cumbre de los Pueblos, como prólogo del encuentro de los presidentes. En el mundialista de Mar del Plata, se instaló un grito sin complejo de inferioridad, mirando a Washington a los ojos. Naciones castigadas por el neoliberalismo de los 90, habían dejado atrás a los fabricantes de pobreza y marginalidad y criticaban el rol de los organismos financieros internacionales como verdugos del continente, le respondían a la perversidad del Consenso de Washington, a la libertad de mercado y especialmente al Area de Libre Comercio de las Américas. «Cada uno de nosotros trajo una pala, una pala de enterrador, porque aquí en Mar del Plata está la tumba del ALCA», dijo aquel Chávez que mandó al carajo el nuevo plan del viejo sueño colonial.
Cuando Bush llegó a Mar del Plata, el embajador estadounidense instalado en Palermo, era Lino Gutiérrez. Diplomático de carrera, que había sido embajador en Nicaragua y Subsecretario Asistente Principal para Asuntos del Hemisferio Occidental.
El presidente le preguntó ¿cómo me van a recibir?, ¿qué trato que me dispensará Kirchner? ¿Qué clima social tendré que enfrentar?
Bush sintió que la Cumbre de los Pueblos que antecedió a la IV Cumbre de las Américas, fue un clima adverso proyectado y admitido por la Argentina. Lo tomó como una afrenta personal y la falta de cobertura que le reclamó a su embajada, le costó el cargo al diplomático cubano-estadounidense.
La defensa de Gutiérrez, se basó en un argumento bastante flojito. Un representante de Estados Unidos que tenía la obligación de peinar el terreno, en un punto de América latina saqueado una vez más por la libertad de mercado que su jefe venía a instalar a nivel continental, merecía algo más que «fui engañado por un alto funcionario del Gobierno argentino».
Néstor Kirchner, Cumbre de Mar del Plata: «Debemos construir consensos para terminar con la pobreza atávica, vencer a la indigencia y a la exclusión. Hay terminar con las recetas únicas con pretensión de universales, válidas para todo tiempo, para todo país, todo lugar». Subrayó que esa uniformidad se llamó Consenso de Washington y que «hoy existe evidencia empírica respecto del fracaso de esas teorías. Nuestro continente, en general, y nuestro país, en particular, es prueba trágica del fracaso de la teoría del derrame.
Son los hechos los que indican que el mercado por sí solo no reduce los niveles de pobreza y son los hechos también los que prueban que un punto de crecimiento en un país, con fuerte inequidad, reduce la pobreza en menor magnitud que en otro con una distribución del ingreso más igualitaria.
Es entonces la experiencia regional y no la teoría de las burocracias de los organismos multilaterales, la que demuestra que lo aconsejable es dejar que, en un marco de racionalidad, cada país pueda elegir su mejor camino para el desarrollo con inclusión social. Esa racionalidad de la que hablamos, debe permitir su verificación en resultados cuantificables económica y socialmente”.
En aquel 2005, Estados Unidos venía por la gran revancha cocinada a fuego lento desde el fin de las dictaturas setentitas y el regreso de las democracias condicionadas por la deuda externa. El primero que lanzó una idea mul similar a la venía a denfender George Bush (hijo), fue Kennedy. La «Alianza para el Progreso» naufragó en 1961, en el histórico encuentro de Uruguay. Prometían a cambio de un gigantesco acuerdo de libre comercio, una ayuda económica para supuestamente mejorar las condiciones de vida de América latina. Una inversión de 20 mil millones de dólares a lo largo de 10 años, financiada en parte por Estados Unidos y en parte por organismos internacionales.
Y la nueva Cuba libre, salió al cruce de la zanahoria que los demócratas habían instalado como un nuevo plan Marshall. Una voz casi solitaria en medio de la Guerra Fría y un continente con cuadros militares formados en West Point.
En la Universidad de la República en Montevideo, cuatro meses después de frenar el intento de invasión en Bahía de los Cochinos, el Che dijo «que solamente hay un enemigo común, es el que reúne todas las enemistades que puedan caer sobre nuestro pueblo; es el que significa pobreza, es el que significa opresión de cualquier tipo; el que significa asesinato, el que significa opresión política, el que significa opresión económica, el que significa distorsión de nuestro desarrollo, el que significa incultura, todo eso lo significa el imperialismo. Entonces, no podemos luchar desunidos. Cuando hay un hombre herido o vejado en Chile, en la Argentina, en cualquier lugar de América, se está afectando la dignidad nuestra, la dignidad de toda América».
La historia no es un capricho circular. Seguimos peleando por lo mismo de aquella cumbre del 61, de aquel Mar del Plata 2005, porque la batalla está inconclusa.

