Seguir planteando que desde el gobierno libertario, se trabaja para terminar con los privilegios de la casta, a esta altura del partido es un discurso ridículo que hace rato no genera épica militante, ni en el oficialismo más fundamentalista.
Una remera violeta y cantar «la casta tiene miedo», hoy es parte de un libreto burocrático que la realidad rompió en mil pedazos, desde el día de la asunción con Bolsonaro, el rey de España y Zelensky.
Se autopercibían «anarcos» y en realidad eran bancados por los «narcos»; venían a terminar con la vieja corrupción y se quedaban mensualmente con el 3% de ANDIS; armaron el curro de la bicicleta financiera para amigos; juraron que no iban a tomar al Estado como plataforma de negocios particulares y generaron desde la Casa Rosada, una millonaria cripto-estafa y como parte de los favores para amigos, firmaron con los Menem contratitos de Seguridad para el Nación.
Casta presente desde Donald Trump a los «Eduardos» Eurnekian y Elsztain, hasta la invasión del Morgan, la tutela del Fondo Monetario Internacional y los créditos del Banco Mundial y el BID; pasando por el ejército de «argentinos de bien» que encabezan los Benegas Lynch, Guillermo Francos, el árbol genealógico de Carlitos, los Caputo, Bausilli, Quirno, Rodolfo Barra, Mondino, Scioli, Lavagna, Patricia Bullrich, Santilli, Ritondo, Espert, Lugones y Catalán.
Después vienen los peones de la casta, sin títulos nobiliarios, pero con sus mismas palabras, gestos y acciones: Adorni, Lemoine, Virrarreal, «Tronco» y cía.
Todos casta, por pertenencia o aspiración clasista…
Sturzenegger estuvo presentando la destrucción de los derechos laborales, que su diccionario mal llama reforma, ante la crema española. Y dijo que Milei es la revolución francesa, que viene a terminar con los viejos privilegios de un poder enquistado en la vida nacional, que representan sindicalistas y empresarios, que hace 40 años no se van de la foto. La acusación necesita que el dedito índice que se extiende acusando, no esté manchado por lo peor del pasado…
El ministro de Desregulación tiene 59 años y hace 30 que es parte de ese satatu quo que dice combatir, con el agravante de haberlo sido desde el púlpito del Estado que dice odiar, para generar negociados sin intermediarios. El tipo que dice representar lo nuevo, ingresó como Economista jefe en la Yacimientos Petrolíferos Fiscales menemista de José Estenssoro, cargo que dejó tres años después, poco antes de la transferencia a Repsol.
Reapareció en 2001, como secretario de Política Económica de la Alianza. Fue clave junto a Cavallo en la estafa del Megacaje, que le agregó a la deuda externa argentina, cerca de 55 mil millones de dólares. Una operación que dejó en manos del banquero David Mulford, unos 20 millones de verdes en concepto de comisión.
El anticasta de Federico fue procesado, por esta acción ruionsa en la que los pobres subsidian a los ricos más ricos, pero en 2016 la justicia macrista corrigió su prontuario con algo más que un poco de «liquid paper».
Increíblemente el príncipe de la desregulación, el gran opositor a que el Estado juegue cualquier rol central en la Economía, regresó a la cosa pública como presidente del Banco Ciudad de Buenos Aires de Mauricio Macri Jefe de Gobierno porteño, entre 2008-2013.
Inmediatamente después y fruto de una vocación de servicio irrefrenable que por un rato congeló al supuesto liberal que nació para combatir a los archienemigos del neoliberalismo, fue diputado nacional entre 2013 y 2015. Y ya como enfermo incurable, aceptó ser
Presidente del Banco Central desde 2015 hasta 2018.
Cuando asumió Milei fue el autor del siniestro DNU 70/2023 y de la reforma constitucional encubierta que representa la Ley Bases; dos instrumentos de intervencionismo estatal a favor de las minorías.
Finalmente como estos generales necesitan ministerio y despacho, desde el año pasado, Milei y Karina le crearon el de Desregulación, para dejar el futuro en manos del mercado.
Mientras con el discurso anti-casta entretiene a su clientela, Fede fue nucleo duro de dos gobiernos que fracasaron, que hipotecaron a varias generaciones y hambrearon en tiempo presente. Desde hace casi dos años, es protagonista del tercer proceso neoliberal ruinoso y entreguista de los últimos 43 años de democracia.
Es muy cierto Javo, con los mismos de siempre, no se puede hacer nada nuevo…

