Juramento del pueblo ante las urnas: «Que Dios y la patria me lo demanden»

Ayer Córdoba. Un nuevo capítulo de la soledad de un presidente con su megáfono y una caravana caótica de 400 metros, para repetir los mismos números ficcionales de siempre. Los salvados de la pobreza, la inflación de la que nos amparó y los 100 años de populismo en los que mete a los bolches de la «Década infame», a la Libertadora, Onganía, Lanusse, Videla, Viola, Galtieri, Bignone, Menem, De la Rúa y Macri.
Milei gritando las cinco líneas que sabe de memoria en la camioneta, mientras a su lado como su edecán de campaña, aparece firme Karina y un candidato local al que le tapan la boca.


Por encima del relato libertario, la actividad económica argentina, llegando en estado de recesión a las elecciones del domingo. Un paciente en terapia intensiva con pronóstico reservado, que no refleja el «Milagro argentino» del que habla el último libro del presidente.
Esa destrucción planificada de los números reales, no es un dato pasajero como dice el oficialismo, no se trata de una crisis de crecimiento, no estamos a mitad del río; son los resultados directos de un plan que ataca a la actividad productiva manufacturera, desde el 10 de diciembre de 2023.
Estadísticas suicidadas, cifras que rozan la depresión, que muestran una fragilidad solo comparable con el 2001. Consecuencia directa de un industricidio deliberado.

Mientras la producción local se contrae, porque el consumo minorista se desploma y el precio del importado destruye a la fabricación argentina, crece el desempleo y se encoje el poder de compra del salario.
El consumo masivo mostró en septiembre, una baja interanual superior al 6% y un retroceso mensual del 8% respecto de agosto, números que dicen que las compras familiares se encuentran en mínimos históricos. En el Area Metropolitana de Buenos Aires, donde se encuentra la mayor concentración industrial del país y por lo tanto, también el número más alto de desocupación de la Argentina (casi el 10%), la baja del consumo interanual fue de casi el 17%. En ese descenso quedan a flote solo los alimentos y casi como una extorsión de los formadores de precios, la comida liders la suba de los productos de venta minorista.
Los salarios perdieron más de 3% frente a la inflación en lo que va del año y según el CEPA, teniendo en cuenta los acuerdos paritarios cerrados hasta diciembre, los sueldos estarán arriba del 5% por debajo de la inflación estimada para este año.

Los trabajadores del Estado, cobran actualmente un 19% menos que en diciembre del 23 y por lo tanto, cada uno perdió 8 millones de pesos, desde el inicio del gobierno de Milei.
El salario del laburante del sector privado, está cinco puntos por debajo del nivel que tenía hace 21 meses y acumula una pérdida de casi 2 millones de pesos.

El poder de compra de los jubilados, es un 23% menos que en el 2023 y cada uno acumula en promedio, una pérdida de casi 4 millones de pesos.
La Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC, sostiene que las expectativas de los empresarios industriales para el último trimestre de 2025, empeoraron. No estiman recuperación, ni en ventas, ni en empleo. El 53% de las empresas industriales, dijo en septiembre tuvo un volumen de pedidos «por debajo de lo normal».
Para el 50% de estas firmas, la baja demanda interna es el factor que más limita la capacidad para aumentar la producción. En segundo lugar la incertidumbre económica (10,4%) y por último, la competencia de productos importados (10,1%).

Frente a este panorama desolador, Milei propone extender los límites del desierto y como acto final para la segunda mitad de su mandato, invita a profundizar la flexibilización laboral, quiere reforma previsional y anunción la segunda parte de la Ley Bases.
Sueña con transformarnos en Grecia y aprobar una jornada laboral de 13 horas; se ilusiona con jubilación a partir de los 70 años para hombres y mujeres y con destruir lo que queda del Estado; como una forma de empezar a terminar con la Nación.
La solución que plantea la democracia para terminar con quienes traicionan su espíritu, es más democracia. Por lo tanto, en los días de elecciones, el final del texto del juramento presidencial también vale para millones de seres humanos. Si eligen ser colonia, «que Dios y la patria se lo demanden».