El INDEC secuestró a la verdadera inflación, hasta después de octubre

La inflación en el reino libertario, es lo más parecido al engaño cotidiano con el que muchas personas someten a otras, a través de cualquiera de las aplicaciones para solos y solas. En 2025 el estafador se presenta en las redes con una foto de 2004 y quien recibe la imagen festeja ingenuamente, que el tipo de 40 parece tener 20.
La medición nueva del costo de vida, nos llevaría a presentar una foto de 2018, que tampoco ofrece el semblante real del candidato, pero sin dudas achica la diferencia y se acerca un poco más a la realidad.
Hoy el INDEC nos muestra una foto con 21 años de antigüedad y una vez por mes nos palmea el hombro y nos susurra al oído, «que lo parió, estás igual»…


El cambio de la metodología para medir la inflación en la Argentina, generaría que los alimentos pesen menos que los servicios. Pero esa foto con panza y sin pelo, no le gusta a Milei. Prefiere la imagen en blanco y negro, porque los mayores y los más sostenidos aumentos durante su presidencia, justamente se dieron en el rubro servicios.
Por lo tanto, el mercado (alimentos, productos de limpieza e higiene personal) se reguló por pobreza, por hambre, por baja demanda; pero lo increíble, es que los costos que dependen de los libertarios, aumentaron por decreto para endulzar los costos de las privatizadas y a su vez sostener una fuente de recaudación millonaria, ante una clientela extorsionada: pagás o te quedás sin luz, agua o gas.
La variable de ajuste del neoliberalismo, siempre fueron, son y serán, salarios y jubilaciones.

El sincericidio de Marco Lavagna ayer por streaming, confirmó que el índice con el que nos engaña todos los meses, para que Milei construya ridículas fiestas de cumpleaños por los medios y las redes; no tiene ningún sustento técnico. Dijo sin decirlo, que es una medición efectuada sobre un país inexistente, donde se sostienen consumos muertos y no se tienen en cuenta segmentos tan sensibles como el peso real de los servicios, los medicamentos, el alquiler o el transporte. De esa manera, cada 30 días aparece un resultado fantasma, para condicionar políticamente a una Argentina en recesión planificada. Y con ese guión, se arma la segunda mentira: 12 millones de seres humanos que el enviado de Dios sacó de la pobreza.
El INDEC tendría que explicarnos, fundamentalmente porque sería una gran bandera para el oficialismo, ¿adónde está el consumo nuevo de 12 millones de pobres viejos? ¿Por qué baja continuamente la demanda de los productos de primerísima necesidad, si ahora hay 12 millones de seres humanos, con acceso a lo que antes tenían prohibido?

Lavagna explicó que no puede lanzar una medición más acorde con los consumos de la Argentina del presente (uso de internet y telefonía móvil por ejemplo), porque tenemos elecciones a la vista y se trata de un «momento muy sensible». La traducción al castellano, significa «la verdad tendrá que seguir esperando, porque la mentira es el gran capital político de la derecha.
«Son índices que siempre generan mucho ruido, para un lado y para el otro», expresó el funcionario que suena como ministro de Economía después de las elecciones de octubre.

La nueva metodología está lista desde finales del año pasado y aprobada para ser ejecutada a partir de marzo del 25, muy lejos de los comicios de medio término. Desde ese momento la orden de Milei-Caputo, fue seguir manipulando la construcción de sentido de un importante sector de la población, a través de un relato de cartón.
La necesidad de sembrar confusión con «índices desesacionalizados», los llevó a decir que si el precio de alguna verdura o la carne vacuna, se volvía loco, se los sacaba del promedio porque estaba sufriendo una crisis nerviosa y que iban a volver, cuando nuevamente estén en paz.
El inventor de estos números tan creativos, fue Martínez de Hoz en julio de 1979, cuando elaboró un costo de vida que no incluía carnes rojas ni derivados, los que acumulaban por entonces un aumento anual del 300%. Se lo llamó «el índice descarnado».
«Nos hubiera gustado implementarlo antes», blanqueó Lavagna en «modo víctima», sin explicar quién le ató las manos y le puso mordaza.
Sin contar por qué en su organismo, renuncian funcionarios claves, cansados de ser funcionales a la fiesta de disfraces libertaria.
«No es que el índice actual no mida bien, sino que hay que actualizar los productos», finalizó Lavagna, algo tan infantil como «no mentimos, pero tampoco decimos la verdad»…

Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Martes 26 de agosto de 2025