El discurso oficial habla de un país con sueldos sólidos, en el que la falta de cadáveres en las calles, comprueba que llegar a fin de mes es apenas un trámite burocrático para los trabajadores. Sin embargo, «la única verdad» dice que los salarios registrados después de pasar por paritarias de juguete, muestran la condena a la que fueron confinados por el Gobierno. Y a su vez, esa crueldad se profundiza cuando derrama hacia abajo y el congelamiento virtual de haberes en los recibos del 58% de los obreros, destruye la paga del laburo informal del 42% restante.
Todos los gremios más importantes durante el primer semestre, salvo SMATA, hablan del efecto sequía que genera la decisión de la Casa Rosada, de contener la inflación con «la paz de los cementerios», donde descansan los salarios muertos. La receta del Fondo Monetario Internacional para países subdesarrollados, dice que el único camino para impedir la inflación, es prohibir mejores salarios para que esas cifras no convaliden subas de precios automáticas. Es un lindo verso para maximizar la ganancia del capital, bajando los costos de producción y entendiendo a los trabajadores como insumo, como materia prima…
Las paritarias que más perdieron contra la inflación en el primer semestre del año, fueron las de ferroviarios (abajo 10%), UPCN (6%), Sanidad (5,7%), Alimentación (4,7%), Camioneros (4,6%), Construcción (4,2%) y UOM (4,1%).
El INDEC publicó el mes pasado, los datos salariles de los primeros cinco meses del año y los privados registrados perdieron 1,5 puntos respecto de la inflación.
Como si fuera una explicación sacada de «Introducción a la microeconomía contemporánea», aquel librito con el que posaron a mediados de julio, el presidente y Sturzenegger, esa pérdida del poder adquisitivo grita por obligación el descenso sostenido del consumo, aún en los rubros destinados a cubrir las necesidades más primarias del núcleo familiar. La imposibilidad de demandar comida, ropa y calzado, primero destruye al comercio (desempleo y cierres) y después frena a la industria (suspensiones, adelanto de vacaciones, retiros voluntarios, jubilación anticipada, despidos y persianas bajas).
La transferencia de recursos al capital concentrado, es una de las victorias más concretas de la era Milei; es junto con la toma de deuda, la timba financiera, la represión de Bullrich y la destrucción de salud y educación pública, la representación más concreta del «Estado presente» libertario.
Sin trabajadores convertidos en clientes, Empleados de Comercio cerró su última paritaria con el 1% mensual hasta fin de año, más sumas no remunerativas a modo de miserable compensación. Y por supuesto, estos números van a perder contra una inflación que en promedio se espera de casi el 2% mensual hasta diciembre, según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central.
Mientras tanto en «Ciudad Gótica», Milei le pone voz a la marioneta «cabeza de termo» y dice que «todo está bien, solo cambiaron los hábitos de consumo», por eso y no por malaria, los hiper, los súper y los comercios de proximidad, muestran niveles negativos de ventas.
Necesitamos ajustar la mira del lenguaje, cuando comunicamos sobre paritarias en este marco de negacionismo económico. Tono justo y palabra ineluduble: No existe la recomposición salarial cuando el resultado es a la baja, solo hay una puesta en escena perversa, armada por la decisión de la Secretaría de Trabajo de Capital Humano y el silencio cómplice de los empresarios.
Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Viernes 08 de agosto de 2025

