7 de agosto de 1976: Murió Graiver, cuando volaba sobre Chilpancingo

La historia oficial habló de un accidente aéreo, pero la hipótesis del asesinato sigue viva. El 7 de agosto de 1976, en Chilpancingo, México; se estrelló el avión en el que viajaba David Graiver y a partir de ese momento, la dictadura se lanzó a la caza de uno de los grupos económicos nacionales, más poderosos de la época (33 empresas y 2.500 obreros).
La esposa del empresario, Lidia Papaleo y su hija de dos años, María Sol, estaban en México, cuando murió Graiver. El resto de su familia más cercana, residía en Argentina: Eva y Juan, sus padres; Isidoro su hermano y Lidia Brodsky, su cuñada. También Jorge Rubinstein, su mano derecha.
Lidia declaró en 2010 que en una reunión social en México, en la hacienda de Gabriel Alarcón; uno de los hombres de negocios más importantes del país, le aconsejó a su esposo: “David, vendé Papel Prensa porque te costará tu vida”.


En 1968, los editores de diarios y revistas impulsaron la creación de una papelera nacional. Argentina estaba entre los primeros importadores de papel del mundo y era necesario sustituir importaciones, para evitar que la imposición de cupos u otro tipo de restricciones, limite la acción comercial.
La dictadura lanzó la licitación internacional (el 26 de marzo de 1971 asumió el General Lanusse y cinco días después, concretó la invitación para la instalación de una o más plantas productoras de papel). Pero el llamado fue declarado desierto y al año siguiente, el proyecto fue encomendado en forma directa a la sociedad anónima Papel Prensa, que entonces estaba formada por Editorial Abril (César Civita), César Doretti y la constructora Tauro.
En el ’73, los accionistas originarios le vendieron la mayoría del paquete, a David Graiver.
Después del golpe del 1976 nació la sociedad entre las tres armas y los tres diarios. Jorge Rafael Videla, Eduardo Emilio Massera, Orlando Ramón Agosti (los dictadores de uniforme), Clarín, La Nación y La Razón (los nuevos guionistas del Proceso). La dictadura puso su aparato represivo al servicio de la compra de la empresa y los medios, pagaron con silencio.
Para salvar las formas, las tres empresas periodísticas constituyeron la sociedad anónima FAPEL y nombraron presidente a Manuel José Benito Campos Carlés y vicepresidente, a Héctor Magnetto.
La Junta inició su plan de presión sobre los Graiver y les ordenó vender, pero con una condición: ni a extranjeros, ni judíos. A Lidia se lo transmitió Martínez Segovia, presidente de Papel Prensa.
El 3 de noviembre al mediodía debía concretarse una asamblea del directorio de Papel Prensa, para tratar la transferencia de las acciones clase A. Si los Graiver no conseguían la cesión, corrían el riesgo de «no obtener el reintegro del precio abonado al grupo vendedor, más los intereses y actualizaciones, así como las importantes inversiones para continuar con la construcción de la planta industrial.
Lidia Papaleo recibió un llamado de Miguel de Anchorena, el abogado de la familia y le advirtió que Francisco Manrique, ex ministro de Bienestar Social (1970-1972) e íntimo amigo de David, le había dicho que la Junta vería con agrado la liquidación del Grupo. Por lo tanto, la “invitaban” a vender también los paquetes accionarios del Banco Comercial del Plata, Banco de Hurlingham y el control accionario de Papel Prensa. Anchorena agregó que los compradores lógicos, eran los diarios La Nación, Clarín y La Razón.
A las tres armas y a los tres diarios, les faltaba conseguir las acciones de Rafael Ianover, el vicepresidente de la empresa. El hombre de confianza de David Graiver atendió la orden militar que le llegó a través de Peralta Ramos: “tenés que vender”. El empresario preguntó por su libertad y le plantearon que si accedía a transferir las acciones, su seguridad no corría riesgos. Vendió y el 12 de abril, fue secuestrado.
Los directores de los tres diarios presionaron a Isidoro Graiver, en las oficinas de Clarín; pero le ofrecieron un precio tan irrisorio, que no hubo acuerdo. La segunda reunión fue en la sede de La Nación, en la calle Florida. El 2 de noviembre de 1976, un día antes de la asamblea, los Graiver “vendieron” bajo presión.
Juan y Eva, los padres de Graiver y Lidia Papaleo, se presentaron en el estudio de Anchorena. En nombre de FAPEL apareció Benito Manuel Campos Carlés. Transfirieron 985.907 acciones clase C y 3.800.000 acciones clase E, de Papel Prensa; en 996 mil dólares (7 mil se depositaron ese mismo día; otros 7 mil serían depositados dentro de los treinta días y el saldo de 981 mil dólares, tres meses después). Luego los diarios se cedieron a ellos mismos, las acciones clase C y E: 33,33%, para cada uno.
Pero un detalle, lo complicó todo: la sucesión de los Graiver. La transacción se hizo «ad referendum de la autorización judicial».
La dictadura, a través del decreto ley 18.312, creó el «Fondo para el desarrollo de la producción de Papel Prensa», en base a la grabación impositiva del 10% a las importaciones que hacían todos los diarios del país. Este impuesto se mantendría hasta la puesta en marcha de la planta nacional.
Los militares pidieron a los tres diarios, el ingreso al negocio del resto de los periódicos del país y sugirieron que les ofrecieran «hasta un 49% de las cantidades por ellos adquiridas en las mismas condiciones de precio y plazo». Pero Clarín, La Nación y La Razón no aceptaron, querían el monopolio de la fabricación.
El 18 de enero de 1977 se concretó la asamblea extraordinaria de los nuevos accionistas y se aprobó la “compra” de los tres diarios.
Pero los militares y los empresarios, aún necesitaban de los Graiver, porque la compra se había hecho ad referendum de la aprobación del juez que llevaba la sucesión; un expediente que acumulaba informes sobre la valuación de las acciones de Papel Prensa y del resto patrimonial del empresario. El 9 de marzo de 1977, por orden de la dictadura, Lidia presentó un escrito en el que pidió la aprobación de la venta de las acciones clase C y E. Pero el juzgado no resolvió nada.
Los militares la secuestraron, en el marco del «Operativo Amigo», conducido por el coronel Ramón Camps. «A mí me dijeron que tenía que vender todo, no hubo sugerencias, fue ‘firma o te mato’. Mi nombre de desaparecida era ‘la impura’ porque me había acostado con un judío. A mí me llevaron a La Nación, me acuerdo más de los ojos y de la cara de Magnetto, que la de mis torturadores. Magnetto me dijo que no había más opción que vender Papel Prensa o perdíamos la vida mi hija y yo», aseguró Lidia Papaleo, al declarar en 2012, en el juicio contra los torturadores de Puesto Vasco, donde fue salvajemente torturada.
Las secretarias del grupo, Silvia Fanjul y Lidia Gesualdi también fueron secuestradas. Tres días después, corrieron el mismo destino Isidoro, Juan y Eva Graiver, Rafael Ianover y el abogado Jorge Rubinstein, quien falleció como consecuencia de las torturas.
El 19 de abril de 1977, la Junta Militar blanqueó el secuestro de los integrantes del clan Graiver y le impuso las sanciones establecidas en el artículo 2 del acta del 18 de junio de 1976, a «Juan, Isidoro, Lidia y Rafael Ianover» y a los fallecidos David Graiver y Jorge Rubisntein, «en lo que respecta a los bienes sucesorios». Imputados por sus presuntos vínculos con Montoneros, la Junta Militar pasaba a administrar los bienes de los Graiver, a través de la Comisión Nacional de Responsabilidad Patrimonial, creada con ese fin. Además de perder la ciudadanía, los Graiver tenían «la prohibición de administrar y disponer de sus bienes, hasta tanto justifiquen la legitimidad de la adquisición de los mismos». Era la coartada legal para borrarlos definitivamente del negocio que para ese entonces ya administraban Clarín, La Nación y La Razón.
El 2 de diciembre de 1977, el agente fiscal Juan Carlos Forestier le recordó al juez a cargo de la sucesión que él pasaba a ser la nada misma. Que cualquier resolución que dictara era «inoficioso y carente de contenido (…) ha de recordarse que por la ley 21.618 Papel Prensa, intervención, atribuciones del veedor interventor, se intervino la sociedad Papel Prensa y que el funcionario designado a ese efecto debe investigar el origen, en cada caso, de! capital de compra de las acciones de las personas jurídicamente (…) y debía determinar la legitimidad de las mencionadas operaciones».
A esta altura del partido, para la Junta Militar todavía no estaba claro qué bienes de los Graiver serían considerados legítimos y las acciones de Papel Prensa estaban dentro de ese esquema. Por eso, los Graiver eran torturados una y otra vez e interrogados sobre su patrimonio. No solamente sobre sus relaciones con la guerrilla: querían los datos comerciales, el documento secreto del Consejo de Guerra Especial Estable número 2, Comando Zona I, del Ejército Argentino, que hoy se conoce por primera vez.

Título principal de la tapa del jueves 14 de abril de 1977: “SON QUINCE LOS DETENIDOS POR EL CASO GRAIVER: El Ejército informó que están a disposición de las autoridades militares, quince personas vinculadas con el caso Graiver”.
El segundo dato más importante de primera plana, del miércoles 20 de abril de 1977, decía: “CASO GRAIVER: FUE APLICADA LA JUSTICIA REVOLUCIONARIA”.
La noticia más importante, de la tapa del jueves 19 de mayo de 1977, planteaba: “REUNION DE LA JUNTA MILITAR”, para analizar “La concurrencia argentina a la Asamblea de la OIT, el nombramiento de un nuevo ministro de Educación, el caso Graiver y ALUAR”.
Fue una portada histórica que bajo el título “A LA OPINION PUBLICA”, explicó en un recuadro a cuatro columnas, por todo el largo de la tapa, que “La Nación, Clarín y La Razón adquirieron las acciones clases A de Papel Prensa S.A., previa consulta y posterior conformidad de la Junta de Comandantes en Jefe. Esta conformidad fue luego ratificada por el voto afirmativo del Estado, en la Asamblea del 18 de enero de 1977, que aprobó las transferencias accionarias a favor de los tres diarios”.
El comunicado finalizaba diciendo, que “Como surge de todo lo expuesto, la transacción se celebró a la luz pública y con el consentimiento previo y posterior del Estado”.