El mundo libertario tiene una clientela cautiva, a la que hay que explicarle modo «Guerra de las Galaxias» y si es posible con la pilcha de Chubaca para ser más creíbles, los efectos ineludibles que genera matar la economía real, volver a apostar por la bicicleta financiera y tomar deuda loca para sobrevivir un ratito. Eligieron el Día de la Independencia, para ellos un día laborable, para admitir que el Morgan dijo la verdad y que no era verso lo que muchísimo antes habían advertido Cristina y todos los economistas de la verdadera oposición. Pero agregaron que la culpa de un próximo trimestre desastrozo y con gusto a final anticipado, es de una alianza de gobernadores golpistas.
La verdad es que Fantino cumplió con creces, su rol de operador para «adultos que piensan como niños», armando para ese segmento un relato en el que increíblemente, el monstruo siempre tiene miedo… Su faceta actoral diciendo que iba romper un off con Caputo, «cueste lo que cueste», ya lo dejó a centímetros de un «gracias APTRA».
El mismo gobierno que gozó del DNU 70, Ley Bases y superpoderes, que realizó un ajuste sin precedentes sobre trabajadores, jubilados y todo tipo de obligaciones del Estado, más un crédito de 20 mil millones de dólares del FMI; el mismo que abusó de provincias que durante casi 20 meses le dieron todo a cambio de nada; empezó a buscar culpables a través de un guión exclusivo para habitantes de Trulalá, Ciudad Gótica o La isla de la fantasía.
Por supuesto y como un gesto que nunca puede faltar, Ale lo hizo con algunas gotitas del repertorio presidencial, siempre efectivo para una demanda sádica, como «la vamos a pasar como el orto» o prometiéndole a «Mandrilandia», un paseo triunfal en el pene presidencial, después de las elecciones de octubre.
Pero cuando Caputo salió a la cancha, porque el presidente le pidió que sacrifique el final de un feriado en nombre de la libertad e irrumpió en el canal público del neoliberalismo como un sedante vencido, la cosa se complicó. Primero se dirigió a ese «Universo Marvel» libertario con, «tranquilos, lo que acaban de escuchar fue inteligencia artificial, un clip». Dijo que una fake news pretendía hacerle decir al conductor de Neura, que el dólar comenzará a correr a toda velocidad y por lo tanto, la inflación estará cabeza a cabeza con el verde y el riesgo país se irá a la estratósfera, en la nave de Carlos.
Pero luego el reincidente ministro estafador, profundizó el desastre cuando le habló a sus hermanos «sin patria, ni bandera». Y el mercado que es un veterano en esto de escuchar a funcionarios que gritan todo lo que va a pasar cuando lo niegan; recibieron la palabra del Toto, como una canción desesperada.
El oficialismo ofreció a través de su presidente, su ministro estrella y las piezas más leales de su aparato mediático, un tour de tres meses en caída libre. Anunciaron el desastre antes de su arribo a horario a la estación, para intentar liberarse de las responsabilidades que siempre tiene el padre de la criatura y al mismo tiempo, acusar de las siete plagas a Pullaro, Llaryora, Nachito Torres, Frigerio, Valdez y compañía. No hay grises: están promoviendo la corrida, para escapar en medio de la bruma o son demasiado giles. Y la primera opción, es demasiado tentadora.
Se aproxima para el Gobierno, un tiempo de cosecha obligado, después de sembrar tanta crisis planificada, con el único fin de amparar una transferencia de recursos histórica, del bolsillo de trabajadores y jubilados al capital concentrado. Sería conveniente, que esta vez «si un traidor puede más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden facilmente». Porque el argentino que dijo «dale tiempo», el que avaló que la justicia social era un robo, el que vio en Karina a Simone de Beauvoir y en el presidente a un premio Nobel, solo tiene dos opciones: despertar con dolor, padeciendo su cuota de responsabilidad en el desastre o desempolvar el viejo «todos son iguales». Ya lo dijo Don Arturo: «A la gente azonzada no le sirven los consejos, cuando muere el chancho viejo queda la chancha preñada».

