«Nos espera una Argentina como en Navidad, que lucha por su destino y padecemos orgullosamente»

«La infancia de la Patria jugará todavía más allá de tu muerte. Lo aprendí hace mucho, porque la Patria es joven, su edad no madura y somos un pueblo de recién venidos. La infancia de la Patria, se prolongará más allá de tus fuegos y de mi cenizas.
La Patria es un dolor, que aún no tiene bautismo, es un dolor que aún no sabe su nombre, una niña de voz y pies desnudos.
Yo la vi talonear los caballos frisones en tiempo de labranza o dirigir los carros graciosos del estío, con las piernas al sol y el idioma en el aire. Pero los hombres de mi estirpe no la vieron…
Yo vi la Patria en el amanecer, que abrían los reseros con la llave mugiente de las tropas. La vi en el mediodía tostada como un pan. La vi junto a los pozos del agua, la vi en el regazo de las noches australes. Pero los hombres de mi estirpe no la vieron…
La Patria no ha de ser para nosotros, nada más que una hija y un miedo inevitable y un dolor que se lleva en el costado, sin palabra ni grito.
La patria es un miedo que nos busca. Y ya no dormirán los ojos que la miren». Firmado, Leopoldo Marechal.

En la Argentina, nunca existieron dos proyectos de país. El sueño que tuvo como punto de partida a los pueblos originarios, nació combatiendo a las viejas categorías europeas; que aún hoy operan como residual virreinal.
Proyecto de país pensado con filosofía criolla. Camino obligado para pensar sin «complejo de inferioridad», nuestro rol en la discusión política universal.
Geografía ocupada, identidad domesticada, cultura subordinada,  lenguas y dioses prohibidos. Riquezas saqueadas y seres esclavizados.
A principios del siglo XIX, nació el primer paradigma de patria basado en la reformulación de las relaciones sociales y los sueños por igualdad de derechos. Y desde ese momento, el pueblo discutiendo el cómo, el camino, las herramientas, el vehículo o la velocidad; pero nunca el objetivo. El pueblo nunca discutió la defensa de la soberanía, ni la pelea por la independencia.
Desde hace 215 años en mayo, desde hace 209 años en julio, ese proyecto de país confronta con un modelo de colonia, nunca peleó contra otra paradigma nacional.
Mano a mano, las nuevas generaciones de libertadores políticos combaten batallas inconclusas, con los gerentes contemporáneos de los conquistadores económicos. La defensa de la riqueza, la cultura y el poder popular, amenazada por una vieja política de entrega de sus bienes y habitantes, encarnada en el presente por el neoliberalismo.

Marechal, siempre Marechal… «Vengo de tan abajo y salí a la superficie a través de tantas capas duras como el cemento, que hoy sólo al recordarlo, me duelen todos los huesos del alma. Tengo los dientes rotos de morder imposibles.
Yo en tu lugar, buscaría en el pueblo la vieja sustancia del héroe, porque hay que resucitar al héroe.
El pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua, con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva, que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Y hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria.
Lo que sigue firme aquí es una potencialidad vacante, un escenario vacío, un pedido de la historia.
Actualmente hay dos Argentinas: una en defunción, cuyo cadáver usufructúan los cuervos que la rodean y una como en Navidad y crecimiento, que lucha por su destino y que padecemos orgullosamente.
Sea como fuere, todo aquí está en movimiento y como en agitaciones de parto. ¡Entonces, dignos compatriotas, empecemos otra vez!».

Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Miércoles 09 de julio de 2025

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