Al neoliberalismo, jamás le compres un auto usado. Consejo sin fecha de vencimiento, en un país que entró cuatro veces a la misma concesionaria y cerró con igual sonrisa, cada nueva estafa.
«Esta vez si, vas a ver que ahora va a ser distinto», dice el pobre tipo revoleando las llaves de otro problema, que se volvió a quedar con todos sus ahorros.
Milei-Caputo, alimentan con reservas prestadas que pagará todo el pueblo argentino, el dólar barato que gasta el 10% de la población. Marginales, sin techo, pobres, desocupados, subocupados y asalariados; siempre encabezaron a los decenas de millones de estafados que subsidiaron a los que gastan en otro idioma.
En la Argentina libertaria, algunos debutan en esta condición de empobrecidos por el saqueo de la derecha, pero otros son veteranos que metieron la mano en el bolsillo, en todas las colectas que organizó el «poder real». Pusieron para sostener la «plata dulce» de Martínez de Hoz, la estatización de la deuda externa privada después de la Guerra de Malvinas, la convertibilidad del menemismo, el Blindaje y el Megacanje de la Alianza y los 45 mil millones de dólares que el Fondo Monetario le regaló a Macri.
Mientras Milei le pegaba el tiro de gracia al plan Procrear, su dólar barato transformó a la Argentina en uno de los países que más invierte en el mercado inmobiliario estadounidense, especialmente en el sur del estado de Florida. «Waltz» es una plataforma que agiliza la financiación de bienes raíces en los Estados Unidos para los inversores extranjeros y según su último informe, la demanda de argentinos creció un 200%, entre la última mitad del año pasado y la primera mitad de 2025.
El 80% de la población pesificada se ajusta cotidianamente y depende de promociones y descuentos y se endeuda a través de tarjetas de crédito y préstamos personales para sobrevivir. El 20% dolarizado aprovecha el país en liquidación, para viajar, invertir y comprar. Mientras se compran cada vez menos alimentos, la venta de 0km creció un 94%, el turismo emisivo avanzó un 80% y las importaciones de bienes de consumo escaló un 60%.
La apertura libertaria produjo el mayor nivel de importaciones en 135 años. Según el INDEC, representaron un 32% del PBI en el primer trimestre de este año. Por lo tanto, fabricamos dólares para que los reyes de la concentración económica local y nuestra bendita clase media, apuntalen la industria ajena mientras matan la nuestra.
Los números oficiales nos llevaron a 1890, a los años de la «Belle époque» argentina, cuando la oligarquía gastaba la guita a manos llenas y la especulación y la corrupción dominaba la escena.
Tiempos de la «vaca atada» y de «tirar manteca al techo». Menos de 100 familias que no saben qué hacer con tantos billetes y un pueblo muerto de hambre.
Por esos años, José Podestá se transformaba en «Pepino el 88» y salía con una escoba a la pista del circo criollo: «La basura que se barre, no deja de ser basura. Aunque a los aires se suba, basura será en el aire». La mugre eran los negociados que se hacían en las narices de los pobres, en esa democracia tramposa, aún sin voto universal y secreto. La deuda externa que en 1880 era de 86 millones de pesos, una década después había crecido a 355.
Pero estalló la revolución de la Unión Cívica, para terminar con Juárez Celman y comenzó el proceso que llevaría 16 años después a Yrigoyen al Gobierno.
Asumió el vice, Carlos Pellegrini y el 6 de julio de 1890, juntó en su casa a los más importantes millonarios del país. «Señores necesitamos 10 millones de pesos para pagar dentro de nueve días en Londres, los intereses de la deuda. Solo la ayuda de ustedes nos puede salvar. Escribí las bases de un empréstito interno que será una deuda de honor para la Nación. Digan cuánto están dispuestos a aportar. Esa será la confianza que inspiro y determinará si acepto o no el cargo».
Pellegrini juntó 16 millones y aceptó ser presidente.
Aquellos conservadores no mataron a la industria nacional, porque no existía, la economía se reducía a las exportaciones de carnes y cereales que solo engordaban a los estancieros, el poder vivía desde hacía casi 70 años (desde el empréstito de la Baring Brothers) acumulando deuda que pagaba el pueblo y por supuesto, importaban todo lo que necesitaban para vivir.
Tiene razón el INDEC, regresamos a 1890. Lo extraño es que muchos jóvenes votaron el plan económico más viejo que conoció la Argentina, creyéndose revolucionarios. Por eso, una cucharada de José Ingenieros no se le niega a nadie: «No importa la edad, joven es solo aquel que no tiene compromiso con lo peor del pasado».

