16 de junio de 1955: La cobardía uniformada, contra una población indefensa

El peronismo había promulgado la Ley de Divorcio en 1954. El 14 de abril del 55 se suspendió en todas las escuelas, la enseñanza obligatoria de Religión y Moral. Y el 20 de mayo se suprimió la exención de impuestos a los templos y organizaciones religiosas.
En ese momento el enfrentamiento de Perón con la cúpula de la Iglesia, no tenía retorno, ya era a todo o nada. La relación que había nacido cordial, llevaba casi seis años de choques políticos a cielo abierto, porque la jerarquía católica no había sido tenida en cuenta para reformar la Constitución del 49. La cúpula eclesiástica, quería que la Carta Magna nombre a la familia célula indisoluble y que ese núcleo gozara de un rango por encima del individuo.
La pelea coincidió con la orden vaticana de crear en los países occidentales, al flamante Partido Demócrata Cristiano; la herramienta del Santo Padre para incorporarse a la discusión política de los Estados.
La cruz se puso al frente de la oposición que lideraban la Unión Cívica Radical, el socialismo y el comunismo. La Iglesia buscando aumentar su musculatura política, se aferró a una alianza repleta de ateos y los sectores políticos que nacieron enfrentados al clero, se transformaron en aliados de sus viejos enemigos. Compartían un odio común: el antiperonsimo.
La procesión de Corpus Cristi que tenía que llevarse a cabo el jueves 9 de junio, la Iglesia la postergó para el sábado 11, para reunir mayor cantidad de creyentes. Partieron desde la Catedral rumbo al Congreso y cuando llegaron al Parlamento, un grupo de manifestantes quemó una bandera argentina. La oposición desmintió la autoría del hecho y acusó al peronismo.
El lunes 13, los monseñores Tato y Novoa que estaban al frente de la «Guerra santa», fueron deportados a España.
El 16 de junio Buenos Aires esperaba un acto de desagravio a la bandera y el rumor decía que aviones de la aeronáutica, iban a arrojar flores sobre Plaza de Mayo. Pero cayeron más de 14 toneladas de explosivos. El Capitán de Fragata, Néstor Noriega, fue el encargado de tirar la primera bomba a las 12:40.
Los aviones del «Cristo Vence», causaron más de 300 muertes y dos personas resultaron mil heridas. Las bombas hicieron blanco sobre la Casa de Gobierno (29 bombas, 6 no estallaron, 12 muertos), el Ministerio de Obras Públicas, el Aeropuerto de Ezeiza y la residencia presidencial.
Las fuerzas que se alzaron contra Perón, contaban con el apoyo de la Base Naval de Punta Indio, el Batallón de Infantería BIM4, con asiento en Puerto Nuevo y parte de la oficialidad de la Aeronáutica que se dio vuelta en el aire, cuando había salido a reprimir. El jefe del levantamiento fue el contraalmirante Samuel Toranzo Calderón y el comandante del BIM3, Benjamín Gargiulo; quien luego de rendirse, se suicidó en el Ministerio de Marina.
El bombardeo finalizó cerca de las 17:40.
Al plan macabro, le falló el último capítulo. Estaba previsto que cerca de 500 hombres de la militancia opositora, que permanecían a cinco o seis cuadras de la Plaza; copen la Casa de Gobierno, ingresando por su puerta principal y cerca de 300 infantes de Marina, irrumpan por el portón del Río de la Plata.
En el final de la jornada, una junta cívico-militar controlaría el poder, liderada por Adolfo Vicchi (mendocino, del Partido Conservador); Américo Ghioldi (Partido Socialista) y Miguel Angel Zavala Ortiz (Unión Cívica Radical). Pero las bombas no terminaron ni Perón, ni con su gobierno.
Los civiles coparon Radio Mitre y lanzaron una proclama asegurando que el presidente estaba muerto.
Tres meses después, la victoria de la «Libertadora» legitimó la muerte de junio y le garantizó impunidad a más de 100 pilotos que refugiaron en Montevideo.
16 de junio de 1955. Hace exactamente 70 años, la Marina abrió las puertas de un ciclo de violencia institucional contra el pueblo argentino, que después se proyectó en los fusilamientos de 1956, el Plan Conintes, los fusilamientos de Trelew y el genocidio perpetrado por la última dictadura militar.
16 de junio de 1955, cuando Buenos Aires fue Guernica. El día que argentinos indefensos, en tiempos de paz, en una ciudad abierta, padecieron las bombas y la metralla de la cobardía uniformada.

Durante medio siglo, el sol se tapó con un dedo y el 16 de junio del 55, fue la noche en la que se quemaron las iglesias. La bronca colectiva se derramóp sobre la Curia metropolitana y las iglesias porteñas de Santo Domingo, San Francisco, San Ignacio, de la Merced, San Miguel, San Nicolás, La Piedad, San Juan Bautista y del Socorro.
Pero a lo largo de 50 años, en el relato del «poder real», no hubo aviones, no hubo bombas, no hubo muertos…

Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Lunes 16 de junio de 2025

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