La clase media argentina, botín de guerra del gobierno libertario

Hace un rato largo que en la Argentina, la clase media ya no se mide exclusivamente por la capacidad de su bolsillo. Aparecieron los sectores que están muy lejos de ese poder de compra, que al no autopercibirse pobres, hablan y piensan desde una ilusión.
Millones de víctimas de la batalla cultural, que son inducidos a votar a su verdugo. No son clase media, pero su sueño por pertenecer, los muestra supuestamente superiores a sus pares en actos y palabra. Son desclazados, pero no por haber echado buena, sino por protagonizar una ficción que juega a rescatarlos del pozo en el que cayeron. Y rompiendo con los lazos históricos de solidaridad entre los más castigados del sistema, hablan como gerentes de una multinacional, mientras viajan colgados en el estribo del tren.

Un informe del Centro Económico para la Recuperación Argentina, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, basado en la clase media dimensionada por portación de billetera y no por adopción; señala que Milei generó un deterioro brutal de su bienestar general, a través de poner patas para arriba su canasta de consumo, la reasignación del presupuesto familiar y su retroceso en la escala social.
Habla de una confiscación invisible de los pesos que ya no manejan con libertad, de un cambio obligado del destino del salario y los ahorros. En síntesis, una transferencia de recursos forzoza.
El análisis sostiene que un alto porcentaje del plan oficial, basado en el ancla cambiaria y salarial, con paritarias pisadas al 1% mensual y un creciente endeudamiento para emparchar en el corto plazo la falta de reservas; se basa en quitarle bienestar, al sector que recibía los mejores ingresos. Apunta que la canasta cambió radicalmente, medida en cantidad y en calidad de bienes.
A los pobres, el Presidente ya no les puede sacar nada más y los millonarios son sus privilegiados intocables, por lo tanto el botín de guerra neoliberal, se instaló definitivamente un año y medio después, en la destrucción de lo que queda de clase media.

El Centro Económico de la UBA, sostiene que el aumento desmedido de los precios en los servicios esenciales, obligó a rediseñar toda la arquitectura de compra y a desplazar bienes tradicionales de la clase media, como carne vacuna, lácteos e indumentaria; por gastos ineludibles. Casi el 60% del destino de los sueldos de este sector, se destinó a servicios en los últimos 12 meses; los costos fijos se llevan la porción más importante de la torta familiar.

En la Ciudad de Buenos Aires, el gas aumentó en la era libertaria, poco más del 630%, el transporte casi 710%, la electricidad 390% y el agua cerca del 350%. Cifras mucho más altas que el promedio del gasto en alimentos, que en el mismo lapso fue del 129%; con picos del 175% en los lácteos.
Hicieron un cálculo de lo que tendría que haber aumentado el salario de un clase media para no perder su lugar en la tabla de posiciones y esa cuenta dice que si el incremento de ingresos no fue del 125%, te fuiste al descenso.
Los shoppings, espejismo frecuentado por la clase media, registraron una caída en las ventas cercana al 24% y entre los rubros más afectados aparecen librería y papelería, con una contracción del 57%; perfumería y farmacia 37% y ropa y accesorios deportivos 17%.

El informe habla de un sector social, que en lugar de reclamar por lo que hasta hace un ratito les pertenecía, no acusa a su ladrón, compra menor calidad y revienta su tarjeta de crédito en un espiral de deuda, que tarde o temprano lo va a estrangular. La verdad lo está esperando, sabiendo perfectamente que otra vez la van a descubrir, cuando sea demasiado tarde…

Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES por AM750 – Jueves 12 de junio de 2025