Por un lado, el plan para convertir a la Argentina en el paraiso del lavado de dinero más importante del mundo; en la oficina donde el prontuario de los operadores de los delitos más aberrantes del planeta, se transformará en curriculum por unos cuantos millones de verdes. Y por el otro, la desesperación de un gobierno quebrado que juega mediáticamente al éxito, por lograr un subsidio millonario de narcos, vendedores de armas y traficantes de personas.
La Argentina que sueña Milei, es un monumento al delito ante el silencio de la justicia y de todo el arco político, que fue y es socio en el Parlamento de La Libertad Avanza. Grita que el fin no justifica los medios, ante la pasividad de la UIA, CAME y AEA.
En otro peligroso ataque al Congreso, ninguno de los anuncios del Presidente se podrían transformar en realidad, sin una serie de leyes que maten a la vigente. Hasta el presente, cuando una persona aparece para comprar un bien, con una cantidad de dólares tan grande que excede su posibilidad genuina de reunir ese capital, se activa la «presunción del incremento patrimonial no justificado», una figura que aparece en la ley de procedimiento tributario y por supuesto, tiene consecuencias dentro del penal tributario.
Sorprende, y perdón por el infantilismo, que aún no se haya escuchado una sola palabra del Fondo Monetario Internacional, que como mínimo tendría que preguntarle a Caputo: «Che Toto, ¿los 20 mil millones de dólares que te acabo de prestar ya no existen, que salen a pasar la gorra ante los representantes de la mugre del planeta, para ver si llegan a las elecciones de octubre?
Parece que el Banco Mundial, el BID y toda la banca internacional, no tienen nada que opinar, sobre un país que en su locura por subsistir sin industria nacional, ni mercado interno, redobla apuestas insanas en nombre de la libertad.El Grupo de Acción Financiera Internacional, guionado por las principales potencias del mundo, consideró a posiciones muchísimo más tibias que las del Gobierno argentino, como «terrorismo económico». Se espera una posición similar de los padres del GAFI, que no son otros que los países del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido).
¿Qué piensa la embajada de Estados Unidos? ¿Cuál es la posición de Trump, el primer gran financista de Milei, sobre esta locura que naturaliza con tanta liviandad y que a México, por ejemplo, le costaría la amenaza de una invasión? Por ahora, no hay ninguna respuesta de los países con los que Argentina tiene acuerdos de intercambio de información financiera; documentos firmados por nuestro país que mientras los libertarios estén en la Rosada, no tienen ningún valor.
La frase de Milei «el narcotráfico es un problema de Seguridad, no se lo combate con la Economía», tendría que generarle automáticamente una imputación por instigación al delito de lavado de dinero, que no es otra cosa que ocultar el origen ilícito de los fondos.
Si las leyes argentinas obligan a contadores, escribanos, compañía de seguros y bancos, a reportar el origen del dinero ante operaciones sospechosas, el Presidente de la Nación tiene una responsabilidad muchísimo mayor que cualquier profesional o institución. Y eludir esa obligación transforma a quien lo hace en partícipe necesario del delito.
Perdón una vez más, por aclarar obviedades del tipo de «se avanza cuando el semáforo está en verde» o «no pongas los dedos en el enchufe»; pero una parte de la sociedad argentina está recibiendo este tipo de mensajes, con la misma resistencia al dolor con la que escucha diariamente desde el 10 de diciembre de 2023, una serie de conceptos desequilibrados que extrañamente procesa como normales.
Si el mundo pensaría con la lógica de Milei, Kueider estaría libre y sin embargo, está preso en un país que ha sido muy permeable a demasiadas irregularidades.

