El 13 de febrero de 2020, Isha Escribano recibió el DNI número 9 mil con identidad autopercibida. “No es casual, de hecho, que mi primer recuerdo se remonte a un bañito ‘de servicio’, donde extasiada y con tan solo 3 años de edad, me montaba clandestinamente a unas botas marrones de caña alta”, dijo la hija de José Claudio, el hombre más importante de la redacción del diario La Nación durante décadas, hasta su jubilación en 2005.
A principios de enero de 2019 y a punto de cumplir 50 años, ella inició el camino para convertirse plenamente en quien siempre soñó ser; después de invertir “muchísimo tiempo, recursos y energía en ser normal”.
Estudió medicina y se recibió con medalla de oro, pero no ejerció. Buscó en el periodismo y encontró muy poco. Luego la música y el universo espiritual de la meditación a través del yoga. Pero faltaba lo más importante para estar realmente completa.
Que suerte para Isha que su padre, no tuvo razón. Que bueno que no pudo con Néstor Kirchner, cuando le fijó un plazo tan corto a un proyecto de país que transitó 12 años de la política argentina, en caso de no cumplirse sus exigencias virreinales. Porque si su palabra hubiese sido ley, los sueños de Isha estarían incompletos.
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