Islas Malvinas, 1 de mayo de 1982. Un día como hoy hace 43 años, comenzó la Guerra del Atlántico Sur. Desde las 05:00 de la mañana de aquel sábado, las bombas que los aviones británicos lanzaron contra el Aeropuerto de Puerto Argentino, los helicópteros ingleses que atacaron Darwin, los bombardeos navales de la armada real por la noche y todas las respuestas de la defensa argentina, desde posiciones en tierra y por aire; abrieron una herida que no cerrará jamás.
Los cuatro intentos de desembarco del invasor, fueron rechazados. El primero a las 06:30, cuando fuerzas terrestres y aviones Pucará, terminaron con dos helicópteros artillados. El balance oficial de ese día, sentenció que dos Harrier y dos helicópteros habían sido abatidos y que habían sido seriamente dañadas, dos fragatas británicas.
Comenzaba de esta manera, una guerra de menos de 50 días, entre dos gobiernos neoliberales hundidos en una profunda crisis económica y social. La dictadura argentina y el primer capítulo de la era Thatcher, se abrazaron a Malvinas para intentar sostenerse. La vocación imperial británica y el espíritu patriotero de la derecha argentina bancando la última jugada de los genocidas, estaban frente a frente.
El diálogo del almirante John Woodward y el general Mario Benjamín Menéndez, recorrió todas las redacciones a primera hora de la tarde. A las 14:00, el británico exigió la rendición incondicional de la Argentina y según el parte de la dictadura, la respuesta del gobernador de Malvinas tuvo la dureza ficcional que el gruión mediático impuso, hasta un minuto antes de la rendición. Menéndez aparecía diciendo en los cables: «¿Rendición? De ninguna manera, si estamos ganando. Traigan al principito (por el príncipe Andrés) y vengan a buscarnos”.
En realidad, el militar respondió sin una pizca de pimienta y el autor de «Traigan al principito» fue el periodista de Télam, García Malod, que decidió el inicio de la «guerra informativa».
La agencia oficial también había enviado a la capital de las islas al periodistas, Diego Pérez Andrade y después de las primeras bombas, se abrió la temporada de censura. Andrade redactó un despacho señalando que la pista estaba intacta, que no había sido alcanzada por los aviones ingleses. Pero Menéndez no quiso que se publicara esa información, para impedir nuevos bombardeos.
Los ingleses abrieron el fuego con una «acción de hostigamiento», destinada a debilitar progresivamente las defensas. Tantearon el terreno, para ver a qué estaba dispuesta la Argentina.
1 de mayo de 1982. José Ardiles, primo de Osvaldo, partió desde Río Grande hacia las islas en su Mirage M-5. Cumplió con la misión de atacar a una fragata enemiga que se dirigía a Darwin, pero luego dos Sea Harrier fueron a buscarlo y tras un intenso combate, uno de ellos lo alcanzó. Un misil aire-aire hizo impacto contra el avión del oficial argentino de 27 años. Su cuerpo nunca fue encontrado
El plan inicial que el almirante Jorge Isaac Anaya le pidió al vicealmirante Juan José Lombardo, solo contemplaba el desembarco pero no la defensa. Generar un hecho político y esperar una mediación de las Naciones Unidas, que genere un diálogo con un dos o tres banderas flameando en el archipiélago.
La ausencia de cañones de 155 milímetros, posibilitó el asedio inglés con barcos solo separados 5 kilómetros de la costa. Como metáfora del grado de desorganización de las Fuerzas Armadas argentinas, el mismo 14 de junio llegó a Malvinas el último cañón de esas características para «fortificar» Puerto Argentino, mientras Menéndez firmaba la rendición.
Desde Moscú, la agencia oficial TASS destacó que la confirmación «de toda la asistencia de Reagan a Thatcher» para que Gran Bretaña restablezca «su dominio colonial», terminaba con “la hipocresía de la diplomacia norteamericana”.
El “New York Times” del 1 de mayo, dijo que el Reino Unido pedirá a Estados Unidos, «aviones C5, minas submarinas, mayor información por satélites en apoyo a su flota con 5.500 marines y paracaidistas a bordo de 60 buques».
El 1 de mayo de 1982, Plácido Domingo llegó a Buenos Aires, para abrir la temporada del Colón al día siguiente. Aferrada al «espectáculo debe continuar», un sector de Buenos Aires colmó el teatro para ver «Tosca» de Giacomo Puccini, con el tenor español y Gian Piero Mastromei (Editorial de Gustavo Campana, en LA MAÑANA de VICTOR HUGO MORALES, por AM750).
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