Unamuno primero estuvo a favor del levantamiento fascista contra la República y luego se pronunció en contra de la Guerra Civil. Posiblemente las dos palabras más importantes de toda su obra, las dijo el 12 de octubre de 1936: «Me equivoqué». Las tiró como una carga explosiva, en un debate en la Universidad de Salamanca, con el general franquista José Millán Astray. El militar levantó la platea repleta de uniformes con dos consignas: «Muera la inteligencia» y «Viva la muerte».
Unamuno sabía el costo que tenía hablar en contra del soldado y también la conveniencia del silencio; pero optó por lo primero: «A veces, quedarse callado equivale a mentir. Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito ‘Viva la muerte’ y esta ridícula paradoja me parece repelente. Me atormenta pensar que el general pudiera dictar las normas de la psicología de la masa».
Como Millán Astray había perdido el brazo izquierdo en el combate, Unamuno sentenció: «Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio, viendo cómo se multiplican los inválidos a su alrededor. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha».
Cuántos libertarios son Millán Astray, empezando por el presidente de la Nación. Cuántos periodistas a sueldo del «poder real», son Millán Astray. A nuestros mutilados del presente, les arrancaron valores morales (no les interesa la muerte del otro, ni el hambre, ni la desocupación, ni el destino de la patria). A nuestros mutilados les apagaron la capacidad intelectual
Miguel de Unamuno, murió a los 72, un día como hoy pero hace 88 años. Partió dos meses y medio después de enfrentarse a «Muera la inteligencia» y «Viva la muerte»; posiblemente porque esa ya no era su España, la que había soñado. Estaba muy lejos de ser un revolucionario, pero aquellas dos frases del general, resumieron los 40 años que estaban por venir.
Argentina padece en tiempo presente, a los que creen que el país del siglo XIX, con veinte familias que no sabían que hacer con la guita y un pueblo muerto de hambre, fue nuestra etapa dorada. Argentina sufre por los discursos de odio que reparte la Rosada, por las «Fuerzas del cielo» fascistas, por reglas de la Inquisición en pleno siglo XXI. Argentina sufre a los nietos y bisnietos de «Viva el cáncer» y «Cristo vence».

