26 de septiembre de 2024: El profesor Neurus en las Naciones Unidas

El Topo usurpó el espacio destinado en las Naciones Unidas, a un representante de la República Argentina y utilizó ese ratito de eco planetario, para lanzar su candidatura a líder de una ultraderecha global, que cuesta muchísimo definir en un par de palabras.
Instaló decenas de títulos alarmantes, en nombre de todos nosotros, cuando en realidad lo banca un porcentaje de la «gente de bien», cada vez más difícil de cuantificar. Dejó al país en una isla desierta, ante una platea semivacía que emuló al rating local inexistente, que tuvo su cadena a la hora de presentar el presupuesto. En primera fila los aplaudidores, tres representantes de la decadencia política de la que sin dudas vamos a escapar para refundar la Nación, pero que en el mientras tanto, pegan y duele: Karina, Mondino y el ministro de Economía filmando a Javo con un celular, como si fuera un recital de despedida de su cantante preferido.


Su habitual borrachera de soberbia, llevó al libertario a «alertar al mundo» sobre «el rumbo trágico» y socialista que eligió la ONU, de la mano de «burócratas internacionales». Solo en su cabeza de comic y animé, pudo germinar la idea de una organización de izquierda, que está infectada por Estados Unidos desde su creación en la salida de la Segunda Guerra.
Fue a Nueva York a dejar en claro que es la «antipolítica», disfrazada de economista y que fue parido por la historia para «combatir las ideas colectivistas». Y dejó en claro, que es mucho mejor representante de Israel que el propio Netanyahu.
Confirmó que es el representante de lo peor del pasado universal, cuando ratificó que no va a adherir al Pacto del Futuro, firmado por 193 países; pero increíblemente rechazado solo por los países que Milei odia profundamente: Rusia, Venezuela, Nicaragua y Corea del Norte.
Acusó a la ONU de ser la propulsora, a través de la Organización Mundial de la Salud, «de la violación sistemática de la libertad con las cuarentenas a nivel global durante el año 2020, que deberían ser consideradas un delito de lesa humanidad».
Cuando llegó el turno de la cita bíblica, acusó a todos de ser el monstruo que vino a enfrentar a Dios, ese dragón marino gigante que escupía fuego y se comía a todo represenante de la humanidad que intente navegar el mar. Sentenció que Dios, nos dio «el derecho a la vida a la libertad y la propiedad». Y por supuesto, el profeta no faltó a la cita: «Vengo aquí a decirle al mundo lo que va a ocurrir si las Naciones Unidas continúan promoviendo las políticas de la agenda 2030. Estamos ante un fin de ciclo».
No habló de deuda externa, ni de pobreza, indigencia, marginalidad, industricidio o ajuste salvaje. Apenas rozó Malvinas, en un discurso inolvidable, trágico y demasiado previsible. Pero como si fuera el caudillo de una nueva religión o el protagonista central de una peli de superhéroes, invitó a todas «las naciones del mundo libre a que nos acompañen, en la creación la agenda de la libertad».
Por suerte Petro, vengó a la Barbarie: «Gritan: ¡Viva la libertad carajo! Pero es solo la libertad del 1% más rico».

El profesor Neurus decía «el mundo es mío, mío, mío…», pero a diferencia de otros pretendidos líderes planetarios, al final el petiso siempre perdía ante el bien y entonces, no jodía a nadie… (Editorial de Gustavo Campana, en CAMPANA750 por AM750)