Raúl Scalabrini Ortiz, nació en Corrientes el 14 de febrero de 1898

El padre del revisionismo histórico, una de las grandes usinas de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, editó «Política británica en el Río de la Plata» (1936) y a partir de ese momento, nada fue igual. Puso patas para arriba discusiones intocables y disparó el comienzo de un debate interminable contra el relato del «poder real»: «La historia oficial argentina, es obra de la imaginación. Los hechos han sido deliberadamente deformados y falseados. Todo lo que nos rodea es falso e irreal, falsa la historia que nos enseñaron, falsas las creencias económicas que nos impusieron, falsas las perspectivas mundiales que nos presentan, falsas las disyuntivas políticas que nos ofrecen, irreales las libertades que los textos aseguran».

Su histórica denuncia sobre el tren que planificaron los británicos, desde los puntos de producción interior, al puerto de la Ciudad de Buenos Aires, desnudaba la desnacionalización del proyecto, establecido solo para sacar las exportaciones con destino a Londres, con flete barato: «El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Los rieles del ferrocarril son una inmensa tela de araña metálica, donde está aprisionada la República. En Inglaterra, un desocupado gana más que la mayoría de los obreros argentinos. Nuestro pueblo come poco y mal, para que Inglaterra se nutra bien.
A nadie se le ocurría pensar que esa exuberancia visible, podía no ser verdaderamente una riqueza argentina. A nadie se le ocurría investigar quienes eran los dueños de esas usinas, de esos ferrocarriles. Lo trascendental era esa ilusión de prosperidad en que nos mecíamos».

Para Scalabrini no había Estado moderno, sin trenes: «Los ferrocarriles constituyen la llave fundamental de una Nación. La economía nacional, pública y privada, el equilibrio de las diversas regiones que la integran, la actividad comercial e industrial, la distribución de la riqueza y hasta la política doméstica e internacional están íntimamente vinculadas a los servicios públicos de comunicación y de transporte. Tan esenciales son los ferrocarriles para el desarrollo de una política comercial, que ni siquiera en las colonias inglesas son ingleses los ferrocarriles. La unión de Alemania, se consolidó con la centralización ferroviaria de las líneas particulares y estaduales, impuesta claro, por expropiación. La unidad italiana se afirmó en la apropiación por el Estado, de todos los sistemas ferroviarios de la península. Los estadistas que hicieron la grandeza del Japón, demostraron también haber comprendido, cuál es el cimiento básico de una unidad nacional orgánica y nacionalizaron todos los ferrocarriles por expropiación.
Todos sabemos cuán poderoso es el Estado entre nosotros y cuantas facultades se han concedido a los ejecutivos. Pero muy pocos saben que la potencia de los ferrocarriles, es quizás superior a la potencia del Estado, porque se ejerce sin contralor alguno, discrecionalmente.
Los ferrocarriles pueden extraer sus rentas del modo que a ellos les convenga. Ellos pueden matar industrias, como las mataron. Pueden aislar zonas enteras del país, como las aislaron. Pueden crear regiones de preferencia, como las crearon, Pueden inmovilizaron poblaciones, como las movilizaron o inmovilizaron de acuerdo a sus conveniencias: pueden aislar puertos, como los aislaron. Pueden ahogar ciertos tipos de cultivos, como los ahogaron, pueden elegir gobernadores como los eligieron».

Cavó una de las grandes trincheras del siglo XX, contra el eurocentrismo porteño: «En París murió una ilusión. Yo llegué con una estima reverente. Creía que los europeos eran con relación a sus obras, lo mismo que nosotros con las nuestras: seres infinitamente superiores a sus realizaciones. Pero me equivoqué. En Europa comprendí que nosotros éramos más fértiles y posibles, porque estábamos más cerca de lo elemental.
Sin embargo hablamos en castellano, pensamos en inglés, gustamos en francés, amamos en ruso, nos apasionamos en italiano. Vivimos de prestado, abrumados por los preceptos de estéticas y éticas lejanas. Y recién nos dimos cuenta, que la primavera nos llega en setiembre y no en abril».

El gran cronista del 17 de octubre de 1945: “Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir. Descendientes de meridionales europeos iban junto al rubio de trazos nórdicos y al trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún”.
Scalabrini Oritz pintó obreros saliendo de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas, de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendiendo de las Lomas de Zamora: “Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de grasa, de brea y aceite”.
Dijo que lo que había soñado e intuido durante muchos años, estaba “presente, corpóreo, tenso, multifacético” y sentenció que ese día, «el espíritu de la tierra se erguía vibrando sobre la plaza de nuestras libertades”.

https://www.radionacional.com.ar/a-125-anos-del-nacimiento-de-raul-scalabrini-ortiz
Programa especial de Radio Nacional (2015)