El Papa de la paz, los pobres, la justicia social, el techo y la igualdad

Siempre dos iglesias, dos viejas caras de una misma moneda. Una cargando la cruz y la otra negociando con el Imperio Romano. Una apilando mártires y la otra bendiciendo represores; una optando por los pobres y la otra garantizando la comunión del privilegio.
Una llorando la muerte de Bergoglio y la otra buscando revancha; porque ningún mensaje protocolar podrá borrar a partir de ahora, aquello del «represenante del maligno en la tierra» y hay que suspender las relaciones con el Vaticano, hasta que aclare…

Francisco se despidió en Pascuas, de un planeta que siempre estuvo muy atento a su palabra; muchísimo más que la mayoría de los medios argentinos que son comparsa del «poder real» y que desde 2013 operaron su eclipse. Muchísimo más que todas las tribus de la derecha local y todos sus satélites políticos.
Bergolio decidió estar presente ayer en el balcón saludando a la multitud en la Plaza San Pedro, para dejar su testamento. Desde el Vaticano y para el mundo, eligió que sus últimas palabras le hablen al presente, pero con peso de eternidad y como si se tratara de un undécimo mandamiento, el Papa pidió por «el desarrollo productivo». Desde su argentinidad, habló de trabajo, salarios dignos, distribución equitativa de la riqueza, derechos, justicia social, proyectos de vida.

Invitó por última vez a los líderes políticos, a «no ceder a la lógica del miedo que aísla, sino a usar los recursos disponibles para ayudar a los necesitados».

Luego salió a enfrentar a la guerra, por última vez. Criticó la escalada armamentística global, afirmando que «la paz tampoco es posible, sin un verdadero desarme». Condenó los ataques a hospitales y trabajadores humanitarios, recordando que «lo que está en la mira, no es un mero objetivo, sino personas con alma y dignidad».

Realizó un enérgico llamado a todas las partes involucradas en el conflicto de Gaza, instando a un cese del fuego, la liberación de los rehenes y la asistencia humanitaria para la población afectada. Expresó su preocupación por el «creciente clima de antisemitismo que se está difundiendo por todo el mundo» y por la «comunidad cristiana de Gaza, donde el terrible conflicto sigue llevando muerte y destrucción y provocando una dramática crisis humanitaria».
Y por último, la libertad; esa palabra tan maltratada por estos tiempos en su Argentina, ocupó un lugar central en el regreso público de Francisco. La levantó como una bandera contra los sueños de superpoderes, que amenazan el futuro de la democracia: «No puede haber paz sin libertad de religión, libertad de pensamiento, libertad de expresión y respeto por las opiniones de los demás».

En Buenos Aires y como parte de una nueva provocación, el oficialismo mostrándose muy cómodo con los victimarios, eligió a un defensor de secuestro, tortura, asesinado y desaparición de miles de seres humanos en la última dictadura. El Gobierno de Milei mediante un video que difundió la cuenta oficial de Casa Rosada, invitó al obispo castrence, a que sea la voz de su mensaje de Pascua. Y Santiago Olivera, muy cercano a Villarruel, el mismo que considera al proceso de Memoria, Verdad y Justicia como una «venganza» hacia los asesinos del país 1976-1983; se hizo cargo de un nuevo capítulo de este permanente hostigamiento libertario al pasado.
La mirada negacionista de algunos y apologista de muchos oficialistas, basada en «memoria completa» para seguir enfrentando desde hace casi medio siglo, a la «campaña anti-argentina», es el grito del Terrorismo de Estado, a través de sus cultores y de sus discípulos.

Cecilia Pando participa en un programa de la sanisidrense Radio Simphony y en marzo pasado invitó a Olivera. El obispo de las Fuerzas Armadas, dijo en esa oportunidad, que se viven «tiempos nuevos» en los que uno se siente con más «confianza» para hablar y que en su caso, lo hace en defensa de los violadores a los Derechos Humanos: «Siempre digo que hay militares que no se portaron bien y con esos hay que hacer justicia, pero no venganza, que es lo que me parece que pasa con muchos de ellos, al conocerlos o visitarlos. Creo que hay gente muy valiosa y muy buena, que la historia hay que mirarla en su tiempo y no sacarla de contexto». Este último punto como fundamentación al horror, es una especie de viejo a exorcismo a la verdad, con el que intentan construir un relato con el neoliberalismo fue leyes de perdón y con el campo nacional y popular, «juicio y condena a los culpables». Algo así como, hubo un tiempo en el que vuelos de la muerte, fosas comunes o robo de bebés, fueron necesarios…
Dentro de su espacio es admirado por sus cartas al diario La Nación tituladas «¿Esto es justicia?», en las que sostenía que «la situación de muchos detenidos por delitos de lesa humanidad es una vergüenza para la república».

Siempre dos Iglesias. Una cargando la cruz y la otra negociando con el Imperio Romano. Francisco con el pueblo y los «Oliveras» dándole la comunión, a los nostálgicos del Proceso (Editorial de Gustavo Campana, en «La mañana de Víctor Hugo Morales», en AM750).