Larreta añora aquella séptima economía del mundo, sin distribución de la riqueza, hija de la Conquista al Desierto que se robó las tierras más fértiles, mató a 15 mil originarios y convirtió en esclavos a casi 17 mil.
Larreta quiere volver al Pabellón argentino de la Exposición internacional de París en 1899, cuando expusimos a Europa una jaula con una pareja de originarios: “Señores, ahora pueden venir a invertir tranquilos”.
Larreta sueña que 20 familias vuelvan a no saber qué hacer con la guita y un pueblo muerto de hambre. Regrese la “vaca atada” y vuelvan a “tirar manteca al techo”, en los burdeles de París.
Larreta se ilusiona con ese mundo de estancias interminables y palacios en Buenos Aires.
Larreta espera que nuestra oligarquía, recupere las palabras de Victoria Ocampo: “En Argentina éramos exiliados europeos y en Europa, exiliados Argentinos”.
En plena campaña electoral, Larreta piensa con bronca, qué distinto era todo para el país de doble apellido, en tiempos de la “Década infame”, con “fraude patriótico”; cuando se decidían los presidentes en la Cámara de comercio Argentino-Británica.

